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Creciente el arraigo
del video club juvenil
Pastor
Batista Valdés
LAS TUNAS.— A dos
años, aproximadamente, de su despegue aquí, el programa de
video-clubes juveniles continúa ensanchando su incalculable alcance
social y cultural dentro de la comunidad.
La
explosión de espectadores en la sala de Buena Vista, en esta
ciudad, es un buen punto de referencia en cuanto a la aceptación
popular hacia esa opción recreativa, educativa y cultural, cuando
hay adecuadas organización, difusión y motivación en torno a sus
actividades.
Pero no es el único
ejemplo. Iniciativas como la de convocar al Festival Vidarte, cuya
segunda edición debe realizarse en marzo, sacudieron al territorio,
mediante diversas acciones de participación popular.
Así, en provechosa
simbiosis de apreciación cinematográfica con artes plásticas, los
más pequeños del barrio dibujaron lo que más les llamó la
atención de las películas vistas; alumnos de las primeras
enseñanzas lo expresaron de forma literaria mediante la redacción,
jóvenes y adultos compitieron en vertientes como la del cartel, en
tanto los coordinadores de salas midieron aptitudes en presentación
de filmes...
Aunque colaterales,
ideas y opciones como esas, o la realización en el video-club de
charlas educativas por parte del médico de la familia, o la
posibilidad de ver allí la final del béisbol o de que la
Asociación de Combatientes se reúna en ese local... atraen cada
vez más el interés hacia este proyecto, generador de una cultura
que ya sube la cuesta.
No por gusto en
instalaciones como la del municipio de Colombia, al sur de la
provincia, funcionan alrededor de una treintena de clubes,
organizados con y por vecinos de todas las edades.
Tampoco es fortuito que
mientras en el 2000 asistieron a estos video-clubes unos 26 000
espectadores y alrededor de 87 000 al año siguiente, al cierre del
pasado octubre ya las cifras hayan remontado las 115 000 personas.
Para no perder ni ese
ritmo ni la motivación ni el efecto educativo y formador de esa
experiencia, según explica Víctor Hernández Torres, jefe aquí de
ese programa encabezado por la Unión de Jóvenes Comunistas,
"no basta con que el país nos siga asegurando películas de
excelente factura o que desde el punto de vista material nos asegure
todas las condiciones... el factor organizativo y humano es vital.
Por eso le concedemos tanto valor al personal que ahí trabaja. De
hecho, en estos momentos todos los directores y coordinadores están
vinculados a cursos de superación".
"Porque no se trata
de saludar, conectar el equipo, apagarlo al final y cada cual rumbo
a su casa. Tienen que ser personas que cautiven con la palabra. Por
eso hemos logrado en gran medida promover las actividades en el
barrio, despertar el interés durante la presentación de cada
película, propiciar un debate al final acerca de asuntos como la
fotografía, el vestuario, la actuación, el mensaje que deja el
filme, si refleja o no la realidad..."
Todo ello, susceptible
de continuo enriquecimiento, les ha aportado a las 14 instalaciones
de esta provincia una posición de avanzada entre las 350 que
funcionan en el país, no para diluir al espectador en banalidades
que lo embrutecen y marginan del contexto socio-político (como
sucede en los modelos de consumo), sino para distraerlo sanamente,
enseñarlo a pensar, a interpretar con criterio personal fenómenos
y procesos, y dotarlo, en fin, de la cultura que lo hará cada día
más libre desde su condición de ser social. |