ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Dunia Álvarez Palacios

Sí, sufrimos apagones de veinte o más horas cada día por dos o tres de luz en estos últimos ocho meses de un año que pasará a la historia como el de la Resistencia Heroica. Sin electricidad en muchos municipios no hay agua. Sin gasolina, apenas circulan carros, solo los cada vez más numerosos triciclos eléctricos. La basura se acumula en las esquinas. Las termoeléctricas caen y se levantan, como gigantes enfermos sostenidos por los hilos de una colmena de laboriosos obreros. La penumbra se adueña de casas y calles, se supone que nos apague el alma. ¿Por qué no se paraliza la vida, el amor, la creación científica y artística?, ¿por qué no desaparecen los planes, las metas, los sueños para el mes o el año próximo? La victoria de quienes provocan e invocan la asfixia es la parálisis, por eso se enfurecen cuando los cubanos rehacemos cada espacio de convivencia, cuando mostramos una espiritualidad resiliente.

¿De qué saco mágico arrancaron nuestros deportistas 51 medallas de oro y el tercer lugar por países en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, esos mismos que duermen en albergues sin electricidad y sufren el calor y los mosquitos del verano, que no disponen de los implementos deportivos necesarios, ni pueden confrontar sus fuerzas, ni ajustar sus técnicas, en eventos internacionales previos? ¿Por qué los cantantes de un coro y su prestigiosa directora caminan desde sus casas, algunas muy alejadas, hasta la sede de una galería que inaugura una exposición, para cantar cuatro o cinco piezas con la voz del corazón?, ¿o los médicos de un hospital pediátrico que llegan en bicicletas o en motorinas o a pie, para atender a niños con cáncer, o con otras patologías, sin tener los equipos o los medicamentos adecuados ya que el bloqueo lo impide? ¿Por qué cada jueves en la tarde y noche se reúnen trovadores y trovadictos en un patio habanero, a la luz de los candiles, para compartir canciones y esperanzas?

Los que vaticinaban el fracaso de la Feria Internacional del Libro en una sede más modesta, con menos libros, muchos de ellos en formato digital, ante la carencia de papel y otros insumos, no podrán explicar la asistencia masiva de lectores, venidos quien sabe cómo, para comprar un libro o escuchar a un escritor conocido. En sus salas Abel Prieto y Laidi Fernández de Juan presentan sendos libros que asumen el humor cubano como estrategia de vida, como acto de afirmación. Hay jóvenes escritores premiados que publican, pese a todo, por primera vez. Antonio Rodríguez Salvador, trae un erudito ensayo histórico sobre la discriminación de la mujer y su sexualidad. La revista Revolución y Cultura, presenta dos números impresos gracias a la solidaridad de mexicanos y alemanes. La gente no se deja, busca motivos, carga un cubo de agua para la casa y luego compra un libro. Y la Feria se extiende, otro milagro, hacia todas las provincias del país. Porque este verano —que en los cálculos enemigos era el último de la Patria en Revolución— Fidel cumple cien años de vida, y el pueblo lo invoca y lo rescata en silencio. Y más de 1 500 participantes de 63 países desafían el bloqueo y las amenazas para mostrar su solidaridad con Cuba. Díaz Canel lo expresa así en las palabras de clausura de un Coloquio, cuyo nombre es todo un manifiesto, «Fidel: legado y futuro»:

En medio de la crudeza del brutal e inmoral cerco imperial que busca el exterminio de nuestro pueblo, esta celebración fidelista desde La Habana se recordará como otro desafío vencido a golpe de voluntad; un imposible convertido en hermosa y palpable realidad por el esfuerzo y la solidaridad de ustedes, hermanas y hermanos, que han llegado dispuestos a todo, costeando gastos desde países distantes, cargando maletas de donaciones y sin exigir condiciones materiales de ningún tipo.

Y se suceden los homenajes a su centenario, y a los 65 de la UNEAC, y el Teatro Nacional, como en los años sesenta, trae a escena a la Orquesta Sinfónica Nacional, al Ballet Nacional y al Conjunto Folklórico, con jóvenes directores, instrumentistas y bailarines de excelencia, formados en las últimas décadas. Los gobernantes estadounidenses, otrora eufóricos, ya no se muestran optimistas: «no se puede tener algo en pie durante 70 años, que eche raíces, y luego pensar que de la noche a la mañana vas a arrancarlo todo», confiesa el pequeño Marco. Pero seguirá apretando el nudo. La mafia cubanoamericana, envalentonada por las acciones y el lenguaje fascista de sus patrones imperiales, exige una acción militar en la tierra de sus ancestros. Cree que la sangre puede transformarse en dinero. La guerra es por la paz y la justicia, por la soberanía de las naciones. Díaz Canel advierte a los pueblos hermanos:

La reemergencia del fascismo en el mundo le está imponiendo al Sur Global una guerra ideológica que, en sus dimensiones cultural y mediática insiste en blindar al capitalismo como hegemónico destino, subordinado a la lógica imperialista, e intentan borrar la memoria histórica, recolonizarnos culturalmente y romper nuestras identidades.

Hay una frase, atribuida a Joseph Goebbels, que resume la esencia del fascismo: «cuando oigo la palabra cultura, saco mi pistola». La Feria del Libro reivindica lo opuesto, el precepto fidelista de «no les pedimos que crean, les pedimos que lean». La cultura es el antídoto que puede salvarnos. Cuba es la tierra donde el imposible se desvanece.

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