Si hubiese que contar la historia de esta entrevista, pudiera decirse que fue una mañana, en el patio de la Cinemateca de Cuba; y que nuestro interlocutor, Luciano Castillo, respondió con amabilidad cada pregunta a propósito del premio nacional de Cine, que recientemente lo distinguiera.
Pero como las tramas de la vida son mucho más largas y enrevesadas, en realidad los motivos de ese diálogo empezaron a tejerse varias décadas atrás, en 1963, cuando un niño de ocho años asistió por primera vez a un cine, el Casablanca de su natal Camagüey.
Exhibían una versión de La bella durmiente, hecha en la República Democrática Alemana; y el flechazo no solo fue instantáneo, sino para siempre: «Me causó tanta impresión que a partir de ese momento todos los domingos iba a la función infantil. Y en la medida que fui creciendo, no faltaba a las funciones para mayores de 12 años, de 16…
«Así se fue fomentando un gusto que hasta hoy se mantiene, y se ha ido profundizando hasta fructificar en los libros y en las investigaciones. Siempre el cine estuvo en mi vida y no la concibo sin él. Es vivir por y para el cine».
–Pero estudió Contabilidad…
–Exactamente. No pude estudiar una carrera de Letras o de Arte por los problemas económicos de mi casa; matriculé en el Instituto de Economía en Camagüey y me gradué de especialista en Contabilidad y Costos. Eso fue lo que ejercí en la Empresa de Obras de Arquitectura No.18 de Camagüey; pero todo el tiempo pensando en el cine.
«En Camagüey no había cineclubes, como en muchos otros lugares del país tampoco. Existía la bóveda donde se atesoraban las películas en 16 mm, descubrí esa fuente de riqueza y formé el cineclub Glauber Rocha en la biblioteca provincial Julio Antonio Mella».
Desde entonces, estableció un trabajo cada vez más constante en favor del cine. Colaboró con Armando Pérez Padrón, director del Centro de Cine de la provincia atendiendo a los cineclubes; estableció «una relación muy fraterna con Héctor García Mesa, el director fundador de la Cinemateca de Cuba, y colaboraba con él en la programación para Camagüey; ya que Héctor, aunque la gente no lo crea, hacía la programación de todo el país; aprendí mucho, sobre todo la pasión que inculcaba por la preservación del cine».
Ya en aquella época, Luciano era ferviente convencido de una máxima que lo acompaña hasta hoy: ver todo el cine posible. «Recuerdo que me decían desde la Habana que iban a poner una película importante, que después no se iba a repetir en Camagüey, y venía en tren acá, veía la película y regresaba.
«Cuando me gusta mucho una película, la repito. Por ejemplo, viajé de Camagüey expresamente a ver por decimotercera vez la película Romance de los enamorados, del director soviético Andrei Konchalovsky, y copiar los diálogos. Para que veas el extremo de la cinefilia».
POR LA MEMORIA
De su ciudad natal, pasó Castillo a la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños como director del Centro de Información, aunque su sueño seguía siendo trabajar algún día en la Cinemateca.
«Ahí trabajé en enriquecer los fondos bibliográficos, que llegaron a convertirse en uno de los más completos de América Latina; y también colaboré con muchos profesores en cuanto al material videográfico que les interesaba para sus clases, al extremo que algunos antes de venir a Cuba consultaban si teníamos tal película para el programa que iban a aplicar.
«La escuela fue muy importante para mí no solamente por cuanto aprendí y la disciplina, sino también por las personalidades que tuve la oportunidad de conocer, y de entrevistar. Es un lugar privilegiado donde convergen muchos talentos de todo el mundo, de todas las especialidades».
Cuando Roberto Smith, entonces presidente del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos, lo consultó para dirigir la Cinemateca, casi no lo pudo creer. Y aunque su deseo había sido ser no más especialista, asumió el reto.
Hasta ese momento él era un «cocuyo» de Cinemateca: «no nos perdíamos las funciones en el cine Charles Chaplin, que eran una academia para aprender el cine».
Arturo Agramonte, el historiador del cine cubano, fue otra persona determinante en esa «pasión sin límite por el cine» y en el «ardor por la preservación del patrimonio fílmico nacional».
La situación climatológica, comenta Luciano, afecta mucho el estado de las copias. Si hay problemas con el aire acondicionado, el material cinematográfico de 35 mm, muy sensible a esos cambios, se afecta y «por eso hay que estar revisando las bóvedas.
«Cada día que no se rescate una película, no me canso de decirlo, es un día contra el patrimonio cinematográfico, que es la memoria del país. No se puede dejar de reiterar, de acudir a las instancias necesarias con tal de establecer vínculos que puedan fructificar en la restauración y en la búsqueda de materiales fílmicos que hayan desaparecido».
En tal sentido, menciona las alianzas con la Cineteca de Bolonia, la Academia de Arte y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, la Cineteca de Lisboa. «Hay una cifra de 144 títulos que son de valor excepcional y que hay que preservar a toda costa», dice.
Luciano ha desarrollado, asimismo, una notable obra investigativa, que comenzó «por la necesidad de bibliografía sobre el cine, sobre todo prerrevolucionario. Con Arturo Agramonte nos consagramos a la investigación y redacción de la Cronología del cine cubano, una obra monumental en cuatro tomos que recoge la historia del cine cubano».
A su acucioso estudio se deben también Trenes en la noche, que incluye ensayos y entrevistas; y otros proyectos de la Cinemateca como la serie Coordenadas del cine cubano y Bitácora del cine cubano.

VERLO TODO
Cuenta que cuando le dieron la noticia del Premio Nacional de Cine creyó que era una broma, y no le dio importancia. Tuvieron que repetirle la llamada para que de verdad lo tomara en serio. Desde entonces las muestras de cariño no han parado.
«No sabía que mi trabajo tenía tanta repercusión y creo que se debe también al programa televisivo De cierta manera, que transmite el Canal Educativo de la Televisión Cubana, ahora en colaboración con Audiovisuales Icaic; a través del cual muchas personas acceden a películas que nunca habían visto y otras redescubren un pasado importante».
–¿Cuáles películas han sido determinantes para usted y recomendaría ver?
– Por supuesto, tengo que incluir La última cena, tiene todas las virtudes para figurar en cualquier selección de lo mejor de todos los tiempos.
«Añadiría varias de François Truffaut, entre ellas La noche americana, y Los 400 golpes. He preferido, por ejemplo, a Federico Fellini y Luis Buñuel. En general soy un gran apasionado del cine europeo. Hay cineastas, como Luchino Visconti, sin los cuales no está completa la cultura cinematográfica de una persona».
Aún en la actualidad, Luciano dedica todo el tiempo posible a ver todo el cine posible. «El visionado de una película en una función de la Cinemateca es inapreciable y tratar de verla varias veces es muy importante para estudiarla. Pero también como entretenimiento, hay grandes películas de entretenimiento que a veces son menospreciadas por determinado sector de la crítica.
«No siempre se tiene la posibilidad de ver la película en su formato original, pero hay que intentar hacerlo en el mejor formato en que llega a nuestro país, al menos cercano a la concepción original del director. Yo jamás vería una película en un móvil, porque eso sería una traición al creador.
«No me canso de recomendar películas», asegura, y por eso invita a no perderse «la programación del Festival de Cine Francés y del Festival de Cine Europeo; aunque tenemos semanas de cine de España, de Alemania… esos dos grandes festivales reúnen un panorama bastante amplio del cine contemporáneo.
«Cuba siempre ha tenido el privilegio de ser una especie de faro para los cinéfilos. La cinefilia cubana está muy arraigada y yo no escapo a ella. Además, el público cubano ama con una pasión desbordante al cine cubano. Eso no se ve en otros países, no tienen ese amor por su propia cinematografía»
Así como se empeña en estar actualizado en el cine, lo que implica no solo ver «lo contemporáneo, sino revisitar películas importantes en la historia del cine, unas que no llegaron a tiempo a Cuba y otras que vale la pena volver a ver en los nuevos formatos existentes»; insiste en el fomento del movimiento de cineclubes.
«Sobre todo en las universidades y en otros centros de enseñanza, por cuanto esa es la la forma idónea de adquirir cultura cinematográfica, y la apreciación es indispensable para lograrlo».











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