Cuando en el panorama musical y fonográfico internacional de 1997 apareció el disco Buena Vista Social Club, comenzaban, en distintos ámbitos, varias formas de mirar y apreciar la música cubana. El proyecto, cuyo nacimiento fue casi una casualidad, ya narrada por sus protagonistas, reunió a una parte importante de artistas que aportaron y legaron una forma de tocar y disfrutar, y quienes aún hoy siguen siendo referentes de nuestra cultura.
Ahora bien, por razones que van de la mano con los resortes promocionales ligados al disco, en una gran parte de los mercados en los que se han presentado durante años solo han sido conocidos algunos de los temas; cuando, en realidad, el fonograma es mucho más abarcador estilísticamente. En ese sentido, siempre habrá mucho que agradecer a Juan de Marcos González, quien, con su oficio y hondo conocimiento de la música cubana, supo hilvanar y crear un extraordinario reservorio sonoro, en el cual convergieran distintos géneros cubanos.
Paralelo a ello, ocurrió algo similar con algunas figuras, incluso hoy desconocidas para gran parte del público, aun cuando fueron integrantes del proyecto desde un principio. En esa línea podemos señalar a Pio Leyva o Manuel Licea «Puntillita», dos extraordinarios cantantes cubanos ya fallecidos, cuyas voces también llenaron de gloria al disco y a la música cubana.
La curvatura conceptual del fonograma se diseñó en torno a varios géneros de nuestra música validados por extraordinarios cultores, entre cantantes e instrumentistas, con aportes innegables para el gran público internacional, aunque ya venían haciéndolo en el panorama doméstico; y de esa forma, y sin el consabido respaldo mediático foráneo, mantuvieron vivas durante años las más auténticas tradiciones nacionales.
Pero uno de los aspectos más llamativos y simbólicos es el recorrido musical; el cual, reitero, no es conocido en su totalidad, incluso de este lado. Una de las versiones incluidas en el disco es un danzón titulado Social Club Buenavista, escrito en la década de 1940 por Israel López «Cachao», originalmente para ser interpretado por la agrupación en la que él y su hermano Orestes hicieron época: Arcaño y sus Maravillas. Este tema es un clásico del género y, además de respetar los patrones del danzón, incorpora elementos improvisatorios muy importantes y tal vez arriesgados para la época, pues los guiños al jazz lo hacen muy singular. En el disco se mantiene su estructura instrumental y quizá sea el motivo por el cual no gozó de tanta promoción.
De igual forma podemos citar otro danzón titulado Pueblo Nuevo, del mismo autor y con características muy similares al anterior, mezclado con elementos de la llamada descarga, muy típicos de Cachao: constituyen ambas versiones un tributo no solo a nuestra música, sino a una importante zona de aportaciones y de aprendizaje que ha trascendido en el lenguaje sonoro nacional.
Otro tema casi desconocido es Orgullecida (Eliseo Silveira), una canción tradicional, pero con un arreglo cercano a sonoridades del swing y, coincidentemente, en ese sentido muy similar a Amor de loca juventud, una de las más difundidas del disco.
Otra de las canciones poco divulgadas es Murmullo (Electo Rosell «Chepin»), un extraordinario bolero-son del afamado compositor, que cobra vida con la excelente aproximación de Ibrahim Ferrer y Compay Segundo, y que aún así sigue siendo de las menos conocidas, a pesar de su calidad compositiva y la presencia de ambos artistas.
Pero la versión que aún sigue asombrando por su nula promoción es La Bayamesa (Sindo Garay), en la cual la canción trovadoresca y patriótica cubana llega a un lugar excelso, gracias a sus ribetes poéticos. Al tiempo, Sindo logra tejer una línea melódica aparentemente sencilla; sin embargo, a medida que avanza el tema, puede avizorarse toda la dificultad imaginable que emanaba de su genio autoral, lo que la convierte en una apuesta difícil para cualquier intérprete.
Es por ello que el disco, aun con estas canciones e instrumentales menos conocidos o promocionados, no puede juzgarse a la ligera, ni tampoco debe afirmarse que es huérfano en sentido conceptual. Más bien es muestra de una ley no escrita del mercado, en la cual muchas veces la calidad no siempre va de la mano con la suerte y esta, gústenos o no, hace de las suyas en todo momento.











COMENTAR
Responder comentario