En enero del 2008, la cadena norteamericana AMC transmitía el episodio piloto de una serie creada por Vince Gilligan con el nombre de Breaking Bad, la cual se convertiría en una de las mejores series de televisión de todos los tiempos.
Breaking Bad (BB) asiste, a lo largo de sus cinco temporadas, a la transformación de Walter White (Bryan Cranston), un profesor de química de secundaria al que le diagnostican cáncer terminal de pulmón, y para poder dejar dinero a su familia, emplea sus conocimientos acerca de las sustancias para cocinar metanfetamina y traficarla. Para ello pide ayuda a Jesse Pinkman (Aaron Paul), un exalumno que entiende bastante de estas cuestiones.
Juntos construyen un imperio de droga en Nuevo México, bajo las narices de la DEA (Administración para el Control de Drogas).
Además de las excelentes actuaciones —que le valieron a Bryan Cranston, Aaron Paul y Anna Gun, varios premios y nominaciones—, una serie de televisión como BB está sustentada casi siempre en un guion impecable.
Hasta el 37 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano llegó por estos días George Mastras, uno de los guionistas que se unió al show desde su primera temporada, para dialogar acerca del proceso de escritura en televisión y en BB, en particular.
BB contó hasta con seis o siete guionistas que se encerraban en una especie de “cuarto seguro” para escribir los episodios. “Nos sentábamos todos los días durante muchas horas, a discutir cada momento de cada episodio y una vez que determinábamos lo que íbamos a hacer, empezábamos todo de nuevo, hasta encontrar el episodio que queríamos”, explicó George Mastras.
“Comenzábamos pensando qué había en la cabeza de Walter White, o de Skyler, y cómo ellos se comportarían. Curiosamente Bryan Cranston escogió no saber qué pasaría con su personaje en el capítulo siguiente, pues la transformación con el transcurso de la serie era esencial”, reveló.
Muchas veces, los escritores se enfocaban en detalles insignificantes, que darían resultado capítulos después, o en los momentos de silencio, como en Fly, décimo episodio de la tercera temporada. Los momentos cumbre fueron distribuidos para crear lo que llaman una “quema lenta”.
Estos recursos —y otros—, y el hecho de que Vince Gilligan tuviera muy claro desde el principio hacia dónde quería enrumbar el show, dieron al traste con una serie brillante que sirvió de modelo para posteriores producciones como Fargo.
Considerado un “western postmoderno”, BB es también, según Mastras, un show sobre la moralidad y las consecuencias de la involución de esta.
Sin embargo, las estrategias seguidas por el grupo de guionistas y el creador de la serie, no los liberaron de la presión que supone escribir una serie de televisión en estos tiempos.
Muchas series, ya lo sabemos, entran en decadencia con el paso de los años, Breaking Bad es una excepción. Cada temporada es aún mejor que la anterior y los personajes transitan por caminos insospechados que mantienen al espectador en vilo, tratando de imaginar qué ocurrirá. La respuesta nunca se obtiene mientras vemos la serie. Solamente un pensamiento se vuelve recurrente: ¿hasta dónde será capaz de llegar Walter?











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Jorge dijo:
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11 de diciembre de 2015
09:53:46
yuri dijo:
2
11 de diciembre de 2015
10:04:31
Javier dijo:
3
11 de diciembre de 2015
10:07:58
Lister dijo:
4
11 de diciembre de 2015
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11 de diciembre de 2015
12:00:31
yemly dijo:
6
11 de diciembre de 2015
13:21:12
Marga dijo:
7
11 de diciembre de 2015
14:24:16
Luis R. Capó dijo:
8
11 de diciembre de 2015
15:08:48
Habanera dijo:
9
14 de diciembre de 2015
09:48:34
ana maría molina dijo:
10
15 de diciembre de 2015
09:49:28
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