ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los actores británicos Ruth Wilson y Dominic West, protagonistas de la serie, en una imagen de la primera temporada. Foto: Tomada de Mubi

Los 53 episodios de las cinco temporadas de la serie estadounidense The Affair (Showtime, 2014–2019) han representado uno de los placeres (no culpables) televisivos de este comentarista en los años recientes.

El Globo de Oro 2015 a mejor drama televisivo –relevando en el puesto a la insuperable Breaking Bad– narra la historia de una infidelidad desde cuatro puntos de vista, con énfasis en los de los dos seres involucrados en la traición: el escritor Noah (el inglés Dominic West) y la camarera Alison (la también británica Ruth Wilson, igualmente recompensada con el lauro arriba citado). Los dos restantes son sus respectivas parejas.

En el verano de amor en la isla estival de Montauk tiene lugar un asesinato, y la policía llama a los primeros a dar cuenta. La trama juega a placer con el despiste al espectador, a partir de que nada se asume como certeza total en cada una de las ópticas con la cual se traza el relato, a través de cuya estructura de algún modo se emparenta el trabajo con True Detective.

Ahora bien, la serie creada por Hagai Levi y Sarah Treem (responsables antes de En tratamiento, para HBO) no descuella por el formato narrativo de la historia vuelta a relatar según la óptica narrativa –ya empleado por Akira Kurosawa hace muchas décadas–, o por su mezcla de romance, suspense y policial, como tampoco por el sugerente juego de espejos que propone; sino en razón de las dudas, conflictos, angustias e inseguridades que asolan a Noah y a Allison. También a sus antiguas parejas.

Esta es una obra cuyo principal mérito yace en su acercamiento a la naturaleza dicótoma del ser humano y cómo actúan en la sicología de la raza hechos como el miedo a envejecer (terror de los 40, en vez de crisis, es cuanto pasa con Noah), la pulsión omnipotente del sexo y el dolor de una pérdida filial: los principales meridianos que marcan el huso horario existencial de sus protagonistas.

La segunda temporada del material, visto en Cuba en su momento, me concede el gusto de conferirle mayor rango dramático a Helen (Maura Tierney en una interpretación deliciosa, la más rica de la serie), la abandonada esposa de Noah junto a sus cuatro hijos.

Ella debe recomponer su vida a partir del escenario de la ida de su esposo, y cuando The Affair se pone en el pellejo de esta mujer crece una serie cuyo principal atractivo consiste en panear sobre la fragilidad de la especie sin pie para juicios morales de ningún tipo.

De los cuatro personajes–madre resulta el de Cole (Joshua Jackson), el esposo de Alison, el menos rotundo en sus perfiles axiológicos, porque ni el guion invierte el debido tiempo en hurgar en la cavidad del trauma compartido con su pareja de haber perdido un hijo, ni en tanto el actor que lo incorpora ayuda mucho, por su limitada alforja de recursos, a la misión.

The Affair, no obstante, en sentido general y pese a sus iteraciones que por momentos llegan a aburrir un poco, rinde un encomiable esfuerzo en mantener la aproximación a sus personajes desde una posición escrutadora de base orbicular, pletórica de tonalidades y gradualidades.

Sus personajes pueden encantar y llegar a ser abominables, en virtud de sus acciones. Son espejos de nosotros mismos, a la larga. Por eso la obra resulta tan rica y creíble.

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