Fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y Premio Nacional de Cine 2012, precursor y adelantado a su tiempo en varias de sus obras, José Massip constituye un nombre legendario de la pantalla nacional, quien estuviera asociado a proyectos germinales, incluso previos a la Revolución, e integrara el núcleo primigenio de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, cuya sección de Cine dirigiera.
Tras la fundación del Icaic, este creador de fibra eternamente martiana tendría la posibilidad de estrenar su primera obra en la dirección: el documental Los tiempos del joven Martí (1960), una de las piezas señeras del naciente Instituto.
A esa faena central dentro del cine (la realización) se sumaría la asistencia de dirección o el guion de materiales para directores, patrios o foráneos, del calibre de los cubanos Julio García-Espinosa y Manuel Octavio Gómez, o del holandés Joris Ivens.
Dentro de la filmografía de Massip un título de la guisa de Historia de un ballet (Suite Yoruba), estrenado en 1962, supuso un punto de inflexión que hizo conocer, pronta y mundialmente, el talento del creador en el género documental, gracias a este trabajo merecedor de múltiples reconocimientos internacionales.
Curiosamente, él no se consideraba un gran documentalista y, según se colige de declaraciones suyas, pareció decantarse por su labor dentro de la ficción, parcela comenzada en 1964 por conducto del largometraje La decisión, interpretado por la debutante actriz Daisy Granados, al lado de Mario Limonta y Miguel Benavides.
Director, guionista, escritor, pedagogo, poeta, editor, historiador, investigador, crítico de teatro, cine y literatura, el licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana y en Sociología por la Universidad de Harvard formó parte de ese reservorio, tan particular y enorgullecedor de nuestro cine, de directores cultos, instruidos, versados en saberes diversos.
En más de medio siglo dedicado a la pantalla, Massip aportó pasajes inmarcesibles al séptimo arte criollo, entre los cuales sobresale Páginas del diario de José Martí (1971), del cual Alejo Carpentier escribió que «(…) se inscribe en nuestra retina interna, haciéndonos olvidar la palabra que la creó: imagen que, transcurrido el tiempo, nos revela su premonición cinematográfica. Y es ese latente, inesperado, contenido cinematográfico de la prosa martiana, en el Diario en el que se nos narran las jornadas que de Cabo Haitiano condujeron a Dos Ríos, el que ha percibido Massip, al concebir la obra mayor que hoy se ofrece a nuestra admiración».
A juicio del escritor de El siglo de las luces, gracias a Páginas del diario de José Martí «el cine cubano se enriquece con un logro de excepcional importancia, afirmación de su madurez, de su condición adulta, en todos los planos de la factura, de la técnica, la obra de intérpretes y acción eficiente –lírica y, sin embargo, ceñida a los sobrios contrastes, a las calidades de agua fuerte, del texto martiano– del realizador José Massip que aquí se nos muestra en el pleno dominio de sus medios».
Y añadió el célebre intelectual cubano: «Debe alabarse el tacto maestro, el afán de veracidad, de autenticidad, con que Massip ha culminado la proeza de animar las figuras de Máximo Gómez y Martí sin haber restado nada a su sencilla y humana grandeza».
Corresponsal de guerra en diversos conflictos, la pantalla documental del cineasta refleja tales contiendas en materiales del corte de Laos: cuatro reportajes después de la guerra (1973); Angola: victoria de la esperanza (1976) u Homenaje a Amílcar Cabral (1980). Doce años antes había estrenado Madina–Boe, en torno a aspectos de la guerra de liberación de Guinea Bissau.
A propósito del centenario –este 28 de junio– del significativo defensor de nuestra memoria histórica, director de Baraguá (1986), la Cinemateca de Cuba preparó un homenaje, que incluye filmes suyos y sobre su obra, así como un segmento teórico.











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