
Acudir al historiador Eduardo Torres Cuevas es la primera obligación para abordar lo relacionado con la intervención militar de Estados en Cuba, y el desarrollo de los acontecimientos posteriores.
Corría el 22 de junio de 1898, en la costa de Santiago de Cuba, en un lugar conocido como Daiquirí, cuando, los siempre oportunistas representantes del Gobierno de Estados Unidos de entonces, desembarcaron más de 6 000 militares, con la misión de frustrar la entrada a Santiago de los mambises que luchaban contra la metrópolis española y consolidar su victoria.
La fecha, aunque algunos de los que hoy no tienen patria, anexionistas de nuevo tipo, quieran reciclarla, está enmarcada, sin duda, en lo que el propio Torres Cuevas definió como «los días que nublaron los sueños».
Unos meses después, el 1ro. de enero de 1899, Cuba pasaba de ser una colonia de España, a una neocolonia de Estados Unidos.
La invasión de las fuerzas militares, vino acompañada de la más burda «justificación»: «apoyar a los mambises y acelerar la derrota de España».
Incluso, hasta la voladura del acorazado estadounidense Maine, en el puerto de La Habana, hecho del que inicialmente Estados Unidos culpó a las fuerzas españolas, más tarde, por fuentes de la nación norteña se aseguraba que fue por causas internas en el buque. Nada más parecido a una autoagresión para encontrar más justificaciones a la invasión y ocupación de la Isla.
Luego de la rendición de las tropas españolas ante las de Estados Unidos, una humillante decisión culminó con la contienda: al Tratado de Paz, firmado en París el 10 de diciembre del propio año, no fue invitado el entonces Gobierno de la República de Cuba en Armas.
En el Diario de Máximo Gómez, sobre estos acontecimientos intervencionistas se puede leer: «Se ha firmado la paz, es cierto, pero también lo es que fue una lástima, que los hombres del Norte, largo tiempo indiferentes, contemplaran el asesinato de un pueblo, noble, heroico y rico».
Y enfatiza el Generalísimo: «La actitud del Gobierno americano con el heroico pueblo cubano, en estos momentos históricos, no revela a mi juicio, más que un gran negocio».
Una de las heridas dejadas abiertas por los intervencionistas fue la Enmienda Platt, un apéndice de la Constitución cubana de entonces, producto de la cual todavía hoy Cuba tiene enquistada en su territorio una base militar estadounidense, que durante su existencia ha sido centro de provocación contra nuestro país, y desde allí, soldados cubanos de la guardia fronteriza han sido asesinados por disparos de marines estadounidenses desde la parte ocupada ilegalmente.
También la base fue convertida en un campo de concentración. Tras los ataques terroristas a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001, fueron llevadas allí personas que eran apresadas en cualquier rincón del mundo, aunque solo fuese por sus facciones árabes.
En la ilegal base de Guantánamo, durante los más de 20 años trascurridos desde el 2001, algunos de los reos se suicidaron y otros murieron debido a las torturas, sin conocer –en muchos casos– de acusación alguna contra ellos, ni tener derecho a un abogado defensor.
También en el Caribe, otra colonia de España, en este caso Puerto Rico, todavía hoy recibe la humillación de quienes lo invadieron, ocuparon y convirtieron en un llamado «Estado libre asociado».
Fue el 25 de julio de 1898, cuando un cuerpo del ejército estadounidense, integrado por 18 000 efectivos, desembarcaba e iniciaba la conquista de la Isla. Pasadas tan solo tres semanas, el 12 de agosto de 1898, el aparato colonial español presentaba su rendición.
Una humillación que identifica el actuar de la potencia ocupante, ocurrió precisamente en el primer gobierno del hoy inquilino de la Casa Blanca, cuando en octubre de 2017 visitó Puerto Rico, nación devastada y aún oscura a consecuencia del huracán María. Allí, ante el reclamo de los afectados, el Presidente estadounidense les lanzó, como regalo, rollos de papel higiénico y los conminó a pagar la deuda que tenía la nación caribeña con la administración yanqui.
Seguidamente se marchó, y solo casi un año después la nación se recuperó de una parte de las afectaciones climáticas.
También en la hermana nación boricua hay muchas heridas que sanar, a consecuencia de su estatus creado por la nueva «metrópoli».













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