Renier González salió de Cuba en 1999, solo en el plano físico, porque en lo espiritual su tierra seguía dentro de él. Desde entonces, nunca dejó de llamar, en aras de cumplir su sueño de volver a jugar en su país.
Siempre le dijeron que por el momento no era posible, pero que, en su momento, él sería el primer nombre en esa lista. Así fue en 2022 cuando, 23 años después, pudo disputar un torneo Capablanca In Memoriam.
«El ajedrez siempre ha sido muy sano, somos muy amigos todos, desde hace 40 años», expone quien ve en el Juego Ciencia una manera de confraternizar y compartir con sus paisanos.
«Mi mayor interés no es netamente competitivo, aunque este es el torneo clásico en Cuba y quería tener la experiencia. Veo este momento como una oportunidad para compartir y vivir el certamen», cuenta. Es su tercera experiencia como emigrado, tras participar en 2022 y 2025.
Fue justamente el torneo Capablanca In Memoriam el último que jugó Renier González antes de dejar el país. Tras ello, su principal logro fue ganar el Campeonato Abierto de Estados Unidos, además de entrenar al equipo de Bahamas en la Olimpiada de Batumi-2018.
Es justamente en la pedagogía en la cual se mantiene activo el matancero, quien ostenta, además, el lauro de subcampeón nacional juvenil.
–¿Qué representa, en el plano ajedrecístico, retornar a esta competencia después de más de 20 años?
–Este torneo es un icono, esa es la razón por la que vengo a jugar este y no algunos de los otros. El Capablanca no solo es importante para los cubanos, sino para América y también Europa. Ahora hubo problemas para organizarlo, pero siempre vienen jugadores importantes.
Como para muchos, la figura del único campeón mundial latinoamericano es de gran connotación. «Él introdujo conceptos e ideas, erróneas en su época, pero que casi un siglo después, aun con la tecnología, siguen vigentes», argumenta.
–¿Pensó en algún momento en volver a representar a la Federación Cubana?
–Yo me retiré en 2006-2007 y me dediqué a trabajar porque me era más rentable. No juego con frecuencia, pero no tengo problemas en volver a representar a Cuba.
–¿Y por qué ese retiro prematuro?
–Es difícil vivir del ajedrez. En aquella época tenía buen nivel, pero con dificultades para sustentarme. El problema también es que en Estados Unidos a veces te cuesta jugar.
«Yo sigo vinculado al ajedrez, pero enseñando. En términos económicos, es más rentable que participar en torneos en los que a veces no tienes ganancias».
–¿Cómo llegas a ser campeón en Estados Unidos? Háblame de ese momento.
–De 2004 a 2006 estaba jugando muy duro. No me hallaba entre los 30 primeros del ranking inicial y comencé perdiendo mi primera partida. Luego me repuse, tuve siete victorias y eso me permitió llegar a la cima.
–¿Por qué tomaste la decisión de salir de Cuba?
–En aquel entonces nosotros no podíamos viajar a competir por nuestra cuenta y yo quería probarme en más lides profesionales. Lo curioso fue que dos años después modificaron la ley.
–¿Cuánto creciste profesionalmente tras ello?
–Aquí en Cuba alcancé mi ELO máximo, pero allá tuve mejor nivel. Fue una cuestión de madurez, pues antes era joven, me distraía mucho y no le dedicaba tanto al entrenamiento.
–¿Cómo fue compartir con aquella generación de Jesús Nogueiras, Walter Arencibia, Reynaldo Vera?
–Fue una época bien difícil porque nosotros estuvimos en el medio. Había muchos talentos y apenas se podía progresar, pues los establecidos eran ellos.
–¿Es posible repetir una generación dorada en el ajedrez?
–Creo que hay un problema de cantera, dado por la falta de competencias. En mis tiempos, desde niño, salías y competías con mucha frecuencia. Eso es fundamental en la formación. El talento existe, eso sí. Aquí en el Capablanca los jóvenes vienen pisando fuerte.
–¿Cuánto colabora Renier González con Cuba?
–He realizado varios entrenamientos para torneos. También me encuentro dispuesto a ayudar más.






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