«Se acabaron los domingos de Euphoria». Esa frase apareció, una y otra vez, en mi feed de Instagram durante esta última semana. Desde el 12 de abril hasta el 31 de mayo de 2026, HBO emitió la tercera y última temporada del popular show; y aunque en Cuba muchos jóvenes seguimos la serie con varios días de atraso —a veces , apelando a datos móviles o a amigos que comparten archivos—, eso no nos quitaba la ansiedad de esperar cada nuevo capítulo.
Reconozco que las altas expectativas, semanas antes del regreso, me llevaron a visualizar, por segunda vez, las dos primeras temporadas. Y no sé si fue por el paso de cuatro años y la madurez que eso implica, pero ahora pude apreciar mucho más la serie creada por Sam Levinson.
Estrenada en 2019 y continuada en 2022, Euphoria nos dejó huérfanos de capítulos desde entonces. Nadie imaginó que tras aquella obra de teatro con la que Lexi (Maude Apatow) obligó a sus amigas a mirarse al espejo, el show se transformaría en un drama criminal «neowestern» sobre bandas narcotraficantes.
A estas alturas, quien se enfrente a la serie por primera vez y afirme que es una romantización de las drogas, no ha comprendido nada. Desde el inicio, la intención de Levinson fue generar un discurso sobre la destrucción que generan los estupefacientes, idea que llevó al límite en la última entrega, aunque no de la forma que el público imaginó.
La historia de Rue Bennett (Zendaya), una adicta de 17 años en proceso de recuperación, guía la serie. Ante la pérdida de su padre, su desinterés por la vida y los fracasos amorosos, Rue encuentra justificaciones para recaer. A través de sus ojos, conocemos la vida caótica y traumática de personajes como Nate (Jacob Elordi), Maddy (Alexa Demie), Cassie (Sydney Sweeney), Kat (Barbie Ferreira) y Jules (Hunter Schafer), entre otros.
PERSONAJES DESAPROVECHADOS
Jules, amiga e interés amoroso de Rue, ofreció algunas de las mejores escenas de las primeras entregas. Fue el primer papel importante de la actriz en la pantalla, y supo construir una chica transgénero carismática y sensible, ansiosa por validación.
Por eso es lamentable, y en eso coincido con la crítica especializada, que su personaje se haya desdibujado por completo en esta temporada final. Convertida en una suerte de «artista mantenida» por un cirujano plástico de mediana edad, Jules pasa la mayor parte de los episodios pintando en un apartamento de lujo, sin propósito alguno.
Ese destino se queda corto comparado con la chica irreverente que fascinó a Rue desde el asiento trasero del coche de su madre, la primera vez que la vio montar en bicicleta. Rue, en sus últimos pensamientos antes de morir, dedicó ese recuerdo a Jules. Un gesto que esta no merecía.
El episodio final, de una hora y 45 minutos, resultó apretado y altisonante. Levinson quiso crear un cierre circular que volviera a los orígenes de la protagonista, pero fue un momento tardío para tratar de ofrecer destellos de aquello que cautivó en Euphoria.
Tampoco se salvan Cassie ni Maddy. Es una pena que Cassie perdiera la vulnerabilidad y los matices trágicos que una vez la hicieron interesante. Ahora es sexualizada constantemente, como si no hubiera otra alternativa para ella. Otra lástima que no pudiera liberarse del círculo vicioso con Nate Jacobs, cuyo personaje también quedó ridiculizado.

La trayectoria de Maddy fue un caso más de talento desaprovechado. El guion la deja en un segundo plano y su trama se siente forzada por las necesidades del «neowestern». Aunque en ella se atisba uno de los pocos desarrollos de personaje de esta temporada, su historia queda en manos de Alamo, un actor encantador, pero con un personaje saturado cuya historia de fondo no justifica su devenir como narcotraficante.
¿Y qué decir de Rosalía? Por mucha gracia que nos hiciera, su personaje y su collarín estaban ahí solo por el nombre de la cantante. Tampoco contó con un argumento bien construido, como muchas otras cosas.
En tanto, las últimas líneas de Lexi, la mejor amiga de Rue, se sintieron forzadas. Ella, como los demás personajes, creyó que Rue murió por una sobredosis. Y Cassie por su parte la siguió tildando de «drogadicta».
Rue, en cambio, no recayó. Por eso resultó doloroso ver cómo moría por tomar un analgésico adulterado sin saberlo. Las escenas de su muerte, eso sí, están bien construidas, y hemos sentido su pérdida como la de un amigo cercano.
MÚSICA, PUBLICIDAD Y SÍMBOLOS CONFUSOS
Lo que nos obsesionó de Euphoria, más allá de su maquillaje, estética y fotografía, fue también la banda sonora ideada por Labrinth. Sobre sus composiciones, el artista confesó: «Cuando miras hacia atrás, a tus días de adolescencia, se siente semi-mágico, pero semi-loco y semi-sicótico. Quería asegurarme de que la música se sintiera como esas cosas».
La música de Hans Zimmer para la tercera temporada, en cambio, no logró transmitir esa misma sensación. No es que sea mala —Zimmer ha demostrado su valía en otras bandas sonoras—, pero Labrinth había dejado el listón muy alto. Seguirá siendo un misterio por qué abandonó el proyecto, cuando se presume que tenía la banda sonora realizada en su totalidad.
Y, por si fuera poco, el público emitió su veredicto: los reels de Instagram sobre esta tercera temporada siguieron usando la música de Labrinth.
Por otra parte, la integración de marca o product placement se sintió descarada. Algunos ironizaron que Coca-Cola tuvo más tiempo en pantalla que Jules o que la madre de Rue. Un síntoma de lo que se consideró prioritario.

En ocasiones, no queda claro para algunos fans qué quiso decir Levinson con las constantes referencias a la Biblia —también forzadas—, pero sí que Rue alcanzó en sus últimos pensamientos, a través de la religión, una reconciliación con sus padres.
LO QUE CONDICIONÓ ESTA TEMPORADA
Hubo factores externos que incidieron en el resultado. El más importante fue el deceso de Angus Cloud, el actor que interpretaba al dealer Fezco, quien murió de una sobredosis accidental, en julio de 2023, a los 25 años.
Levinson explicó: «Tras el fallecimiento de Angus, tuve que replantear el guion. Pensé que, en la actualidad, no se puede contar una historia sobre la adicción sin mostrar sus consecuencias reales. La mayoría de las personas no tiene una segunda oportunidad. El fentanilo puede acabar contigo en un instante».
El final, si bien no fue lo esperado, se atreve a poner sobre la mesa uno de los principales problemas de salud pública en Estados Unidos: la crisis del fentanilo. Según la Administración para el Control de Drogas, este narcótico es cien veces más potente que la morfina y 50 veces más potente que la heroína.
Una dosis de dos miligramos basta para matar a cualquiera. Pero si el mensaje era que la adicción destruye sin piedad, ¿por qué Levinson añadió un villano que le diera una palmadita en la espalda a Rue antes de empujarla al vacío? Ella no murió porque su voluntad fuera más débil que el fentanilo, sino porque un hombre la envenenó por venganza. Eso cambia el significado.
También influyó la dificultad de reunir al elenco original, muchos de los cuales saltaron a la fama con el show y tenían agendas apretadas. Varios actores abandonaron el proyecto, y las grabaciones se postergaron una y otra vez.

DESPEDIDA AGRIDULCE
No concuerdo con quienes opinan que Euphoria no podía quedarse atascada en su estética inicial. Es cierto que hubo un salto temporal de cinco años, que los actores cambiaron y que nosotros, aquel público adolescente, también crecimos. Pero la calidad y el éxito de las dos primeras temporadas se demuestran cada vez que se revisitan. Entonces se valoran con más fuerza el mensaje, los toques de humor, la fotografía y la música.
Quizá Euphoria pudo concluir en la segunda temporada, con aquel monólogo final de Rue: «Jules fue mi primer amor. Me gustaría recordarla así. Aunque no sé si es del todo cierto. Creo que estuve demasiado tiempo drogada. Sé que no fue fácil para ella. Y espero que me perdone. Me mantuve sobria el resto del año escolar. Ojalá pudiera decir que fue una decisión mía. En cierto modo, fue más fácil. La idea de ser una buena persona es lo que me impulsa a intentarlo. Quizá haya algo de verdad en eso».
Pero la serie ha acabado como se relató. Atentar contra esta última entrega hubiese sido también atentar contra los sueños del público, que esperó pacientemente cuatro años por ella. Habrá que darle al tiempo la última palabra, y ver si permite que esta temporada envejezca como es debido, o si el futuro le depara las mismas críticas negativas que en este momento prevalecen. Ahora nos queda la nostalgia de lo que fue Euphoria algún día.











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