ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Rafe Spall y Kelly Reilly, protagonistas, en una escena. Foto: Fotograma de la serie

Más que como mero trasfondo de ambientación, el paisaje natural ha sido empleado en tanto recurso dramático a lo largo de la historia del séptimo arte y, en específico, de la del cine británico. Sin embargo, debido entre otras razones a que no muchos relatos de la teleficción solían conferir preeminencia a los exteriores, no ocurrió, con igual dimensión, dentro de la pantalla chica inglesa.

Es así que una serie como Broadchurch (ITV, 2013–2017) sorprende, en el sentido de que en los guiones de sus episodios la geografía impone sus designios narrativos de forma pronunciada, si bien siempre lejos de una función proturística o de postal.

El entorno (sobre todo el mar, la playa) forma parte de la acción, las imágenes dialogan con los temas, mientras que los accidentes geográficos –especialmente los acantilados de la Costa Jurásica del sur inglés, Patrimonio de la Humanidad– son testigos protagónicos de los hechos criminales descritos en este magnífico exponente del género negro estelarizado por David Tennant y Olivia Colman.

Al verse otra miniserie poderosa de igual vertiente, como la recién estrenada Bajo la marisma (Sky, 2026), se piensa irremisiblemente en Broadchurch, no solo porque comparta la historia común de investigación criminal sobre muertes infantiles en un sitio rural apartado, sino porque aquí la naturaleza –además de instituirse en un personaje más y de absorber las pupilas del espectador– se palpa, se siente, se huele: tan vívida la experimentamos.

La comunidad de Gales donde transcurre Bajo la marisma vive a merced de las penetraciones marinas, que dejan incomunicados sus accesos. Las tomas aéreas con drones a las marismas de la zona (locuaces, puntuales e inteligentes) descubren la rara belleza, magna y pavorosa, de esta área cuyos canales y zanjas de drenaje nos recuerdan a la serie La serpiente de Essex (Apple TV+, 2022).

No solo la visualidad, sino la atmósfera tenebrosa (de asedio, peligro, enclaustramiento) impregnada a Bajo la marisma dependen en gran medida del reflejo e interacción de esta topografía y orografía en la evolución dramática de los seis episodios.

Los diques de contención montados –a la manera holandesa–, quizá no puedan frenar las aguas anunciadas a consecuencia del fenómeno meteorológico que debe impactar la localidad. A la tormenta marina se suma otra, de orden humano, que también sacude a los pobladores: la desaparición y muerte de dos niños.

Todos y nadie son culpables, todos y nadie parecen estar implicados. Bajo la marisma conjuga las cartas náuticas del policial general (falsas pistas, pequeños detalles conducentes a una apertura de sentidos que redefine la investigación) con las del policial audiovisual estilo Broadchurch: a la vez que se observa la pesquisa emprendida por el inspector Eric Bull, se descubre la naturaleza moral del pueblo, las máscaras de sus gentes, el pulso oculto e íntimo de una comunidad, cuyos miembros, en algunos casos, distan bastante en conducta de lo que dicen sus palabras.

De un gusto estético exquisito, favorecida por actuaciones de calibre entre las cuales destaca la ejecutada por la generalmente eficaz Kelly Reily, Bajo la marisma resulta una miniserie atrapante e inmersiva, filmada con un poder visual y una convicción narrativa que honran al formato, la cual obliga a verse de una sola vez.

Su creadora, la guionista y directora Claire Oakey, dirigió en 2019 la apreciable película Make Up –también ambientada en localidades costeras, e igual signo claustrofóbico y atmósfera opresiva–, luego de haber realizado dos prometedores cortometrajes (Beautiful Enough, de 2011; y James, estrenado en 2014).

Tanto el largometraje como ambos cortos denotaron el nervio, la fibra de una cineasta aún sin la recompensa que merece. No puede encontrarse el fundamento por el cual Oakey, a sus 41 años, no haya dispuesto de más proyectos fílmicos. Ojalá los productores rectifiquen, tras ver Bajo la marisma.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.