ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Amaury muestra una foto junto a Fidel. Foto: ACN

Por más de una hora estuvo el cantautor cubano Amaury Pérez Vidal rememorando no pocos momentos de su vida cerca del Comandante en Jefe. Por más de una hora; y sin embargo, el tiempo pareció breve, a juzgar por la sostenida atención y visible disfrute mostrados por los presentes en el espacio Con luz propia, del Centro Fidel Castro Ruz, hasta donde llegó el autor de Acuérdate de abril, en la mañana de este miércoles.

La charla fue mucho más que un recuento de anécdotas, que describir instantes, o sacar afuera, y en público, tiempos compartidos con un hombre de talla excepcional. Fue dejar en el éter emociones ganadas desde el prisma que propician los afectos, y mostrar a un ser humano que, aunque el mundo lo guarda en su memoria como el orador brillante, el revolucionario cabal, y el eterno Líder de la Revolución Cubana, tuvo también una vida propia, con especiales simpatías e intuición para elegir a sus amigos.   

Del hogar vino, como una cordial herencia, el cariño y la lealtad a Fidel: «cuando triunfa la Revolución, mi papá deja su trabajo artístico en la televisión para convertirse en el jefe de los controles remotos de Fidel, de Raúl, del Che, de Camilo…, una responsabilidad que ocupó por 20 años; en la casa se hablaba de Fidel. Mi mamá era una fidelista irrevocable, que tenía una profunda adoración por él y estuvo, junto a Manolo Ortega, trabajando muchas veces en la presentación de los actos políticos», comentó.

Amaury contó cómo fue que en la Marcha de las Antorchas del 90 tuvo muy de cerca a Fidel. Sara y él cantarían a Martí, y al final del concierto, junto con Vicente, interpretaron Cuba va. Cuando intentó acercársele, para darle «ese abrazo que uno guarda toda la vida», el escolta trató de impedirlo, y Fidel se dirigió a él y le pidió el abrazo. Después vino el discurso. Amaury lo miraba sorprendido de tenerlo tan cerca. Más tarde se fue a festejar lo que había experimentado como un privilegio. Al día siguiente, el 28 de enero, había salido en una foto, junto al Comandante en Jefe, en la portada del Granma.

Recordó también, cuando lo mandó a buscar, para que cantara, en un acto por el 4 de abril, en el Parque Maceo, No lo van a impedir, una canción suya que lo había impresionado. Ese día conversaron un poco más, Fidel indagaba en cómo se hacía un espectáculo y le había llamado mucho la atención el hecho de que Amaury le hubiera cambiado la música a La Guantanamera.

Amaury se refirió también sobre los encuentros que, años después, tendrían lugar, cada noche, para organizar las tribunas en las que se pedía el regreso del niño Elián González, y en los que participaba el Comandante en Jefe. «Entonces, ya no solo era estar con Fidel, sino trabajar por y para Fidel, que era trabajar por y para la Revolución».

Varios fueron los ejemplos que ilustraron el sentido del humor de Fidel; de esa condición, tan típica suya, de indagar hasta en lo aparentemente más insignificante dentro de cada conversación; de su desvelo por las precisiones ante cada emprendimiento; de su delicadeza en el trato; de su sapiencia; de su avidez por la lectura; de su magisterio tutelar, tan fácilmente perceptible. 

Ante los presentes, se refirió a las características del despacho de Fidel, un lugar pequeño, sin lujos, como él humilde. Lo visitó en una madrugada, en que conversaron de muchos temas, hasta el amanecer. Recordó también el momento en que Fidel le preguntó si lo quería como un amigo o como un padre. «Como a un amigo», le dijo Amaury. «Entonces dame un abrazo de amigo», le pidió Fidel.

Fidel tuvo muchos amigos, dice Amaury, quizá yo fui el amigo más joven, y esa palabra todavía me parece que me sigue quedando grande, pero me llena de honor.

A la pregunta de cómo hubiera sido la entrevista si Fidel hubiera aceptado asistir al programa televisivo Con dos que se quieran, responde: «Estuve a punto de hacerle la entrevista a Fidel y cometí el error de mi vida». Amaury había pedido que fuera con la esposa. «Realmente hubiera sido un gran monólogo del Comandante».

Yo tengo muchos orgullos, aseguró Amaury, «pero el privilegio de mi vida, y lo pueden poner en mi lápida, es haberlo conocido y al menos yo considerarlo mi amigo».

Un cerrado aplauso puso fin a un espacio marcado por las revelaciones, que permitió a los presentes conocer particularidades de la amistad entre el artista y el Jefe de la Revolución. El Centro anfitrión le obsequió al cantautor un hermoso retrato de Fidel, junto con una rosa y la letra enmarcada de la canción que prefiriera el Comandante de entre las que firma Amaury Pérez, Premio Nacional de Música 2025.  

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