ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Naviera Francesa CMA CGM se ha negado en los últimos meses a entregar mercancía humanitaria en Cuba. Foto: SCPA/English Purcell

El mundo lleva meses con la mirada sobre el Golfo Pérsico, aunque no exactamente por la agresión estadounidense al territorio iraní y las vidas que ha cobrado, incluidas las de decenas de niñas asesinadas en su escuela por la desgracia caída del «cielo».

Lo que parte del mundo está mirando no es a quien mata o no EE. UU., sino si se abre o no el Estrecho de Ormuz, por donde transita regularmente la quinta parte de los hidrocarburos del mercado internacional.

A lo interno de los distintos países, se han ido dando discusiones en torno a la potencial escalada del precio del petróleo, que apenas empieza e implica una subida subsecuente del costo de casi todo, al ser un rubro esencial en la energía y en las grandes, medianas y pequeñas cadenas de suministros para productos de cualquier clase.

Durante el primer tercio del mes en curso, la Agencia Internacional de Energía advertía que los precios del diésel y la gasolina se mantenían aproximadamente un 30 % por encima de la norma, si se toma como partida los indicadores previos a la agresión contra Irán. En lugares como EE. UU., la vara se mantenía 50 % sobre lo habitual.

La propia agencia alertaba que sus países miembros habían liberado casi tres cuartas partes de los 400 millones de barriles de emergencia anunciados en marzo, por lo que los suministros podrían agotarse en pocas semanas.

Ponemos estos datos sobre la página para ilustrar las serias preocupaciones económicas de países, digamos, «normales», por el cierre de un paso marítimo que, para algunos, está del otro lado del mundo. Ello ayuda a dimensionar lo que ocurre en Cuba, adonde, en contraste, apenas ha entrado un buque petrolero en los últimos seis meses.

Mientras en el resto del mundo el problema sería la probable disminución de una materia prima y sus implicaciones para el resto de la economía, en Cuba se trata de cómo se mantiene un país prácticamente sin acceso a ella, aunque va más allá.

Días atrás, la naviera francesa CMA CGM se negó a proseguir la transportación de contenedores con destino a Cuba, algunos de ellos con ayuda humanitaria recabada por organizaciones de solidaridad internacionales (3,5 millones de jeringuillas y agujas destinadas al sistema de Salud en la provincia de Santiago de Cuba). La mercancía quedó retenida en Kingston, Jamaica, y el barco siguió su camino.

En mayo de este año, Jean-Luc Mélenchon, líder del partido Francia Insumisa, denunció que los repuestos que el Gobierno francés había prometido enviar a Cuba, destinados a la central termoeléctrica Antonio Guiteras Holmes, permanecían en contenedores que la propia compañía CMA CGM se negaba a entregar.

¿El argumento? Temor ante represalias legales tras la orden ejecutiva emitida por la Casa Blanca el pasado 1ro. de mayo, la cual promete nuevas sanciones a personas, entidades o instituciones financieras que realicen o faciliten transacciones con personas o entidades cubanas sancionadas en virtud del propio documento. Un párrafo anterior especifica la imposición de sanciones a «agentes, funcionarios o partidarios del Gobierno cubano».

La orden ejecutiva previa (29 de enero) ya amenazaba con arancelar los «productos procedentes de países que vendieran o suministraran petróleo a Cuba, protegiendo así la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos frente a las acciones y políticas malignas del régimen cubano».

Estas son citas de la página oficial de la Casa Blanca, que también contrastan con declaraciones de funcionarios estadounidenses –y de otras partes– que pretenden poner en una misma balanza errores internos de un país soberano, por un lado, y por otro, a una estrategia de asfixia, documentada y confesa, extraterritorial, recrudecida minuto a minuto y desatada por los mismos que dejaron caer un misil sobre una escuela de niñas en Irán.

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