
A principios de este mes, varias plataformas se hicieron eco de la Declaración de intelectuales cubanos en defensa de la soberanía nacional, la paz y la justicia social, que suscribieron 16 premios nacionales de Ciencias Sociales y de Historia.
Con cinco de ellos conversó Granma, para conocer no solo las motivaciones tras esa firma, sino también sus reflexiones acerca de la imbricación entre independencia, antimperialismo y nación cubana; y sobre las lecciones que la historia nos da para este momento de extrema tensión y acoso imperial.
Israel Escalona Chádez (Santiago de Cuba, 1962), Premio Nacional de Historia (2024), asegura que firmar una declaración así «es ante todo un deber en el orden personal, como intelectual formado en la Revolución y como parte de este pueblo». Se trata, dice, no solo de expresar una opinión, sino también de patentizar «una posición en defensa de los principios esenciales de la Revolución».
Francisca López Civeira (La Habana, 1943) es Premio Nacional de Historia (2008) y Premio Nacional de Ciencias Sociales (2022), y acerca del texto explica que evidencia «la voluntad de los cubanos, en este caso los premios nacionales involucrados, de vivir en paz»; y que es una acción en plena coherencia «con nuestra historia como pueblo y también con la historia personal que hemos vivido cada uno de nosotros».
Es tiempo de definiciones, advierte el Premio Nacional de Historia (2026), José Luis Méndez Méndez (La Habana, 1948), por las amenazas que se ciernen sobre nuestra querida Isla. No obstante, aclara que «siempre nos han acompañado, no es nada nuevo, estamos curtidos».
Esas amenazas, precisa, ahora se han incrementado, «por la convergencia de una serie de factores, en un momento temporal y cíclico de predominio de la derecha en la región y con una administración estadounidense oportunista, obcecada en derrocar a la Revolución por todos los medios posibles, sin importar el sacrificio ni las penurias de millones.
«Estas apetencias expansionistas del imperio tienen siglos; estiman que estamos predestinados a ser una posesión. Pasamos por la llamada “fruta madura”, la gravitación universal, que estamos en el delta del Mississippi, que somos la llave del Golfo, en fin, seculares pretextos. Por estas y muchas razones más firmaré lo necesario para patentizar mi indeclinable filiación política».
Para el Premio Nacional de Historia (2022), Urbano Martínez Carmenate (Cárdenas, 1953) es un deber patriótico el principio elemental de defender la soberanía: «Todo cubano debe respaldar esa postura sin vacilaciones porque en ella va la esencia de la patria, su razón mayor. Es importante alzar como estandarte un no a la agresión y un sí a la premisa de que siempre sean los cubanos los que definan el futuro de la nación, sin injerencia extranjera».
Mientras, Mildred de la Torre (Camagüey, 1946), Premio Nacional de Ciencias Sociales (2024) y Premio Nacional de Historia (2016), asegura que siente el deseo de sumarse a lo que cree justo y oportuno en momentos decisivos para el presente y futuro de Cuba y de muchos pueblos y países del orbe. «Quiero ser una voz más de las muchas que jamás serán silenciadas por quienes, desde el norte, pretenden gobernar el mundo».
UN PUEBLO QUE SIEMPRE HA SABIDO PENSAR SU DESTINO
Ante la pregunta de si podría decirse que las ansias de independencia y autodeterminación, y el antimperialismo forman parte indisoluble de la nación cubana, De la Torre comenta que «ciertamente, la independencia, la soberanía, y la autodeterminación han caracterizado, desde los tiempos decimonónicos, nuestras luchas revolucionarias.
«A ellas se sumó el antimperialismo en el siglo XX. Por lo que bien puede afirmarse que son partes inseparables de la historia de nuestro país y conforman, por lo tanto, junto a otros elementos socioculturales, los procesos de la identidad nacional».
Entre las causas del sostenimiento en el tiempo de semejantes ideales, menciona la explotación colonial y neocolonial presente a lo largo de cinco siglos y los intentos anexionistas de los gobiernos estadounidenses y sus partidarios internos; y la constitución de un orden social republicano, hasta 1959, bien alejado de los ideales defendidos por los grandes pensadores y el mambisado cubano; aunque tuvo la virtud de crear el Estado nación y generar la última etapa de la revolución emancipadora.
«A lo que se suma la persistente agresión imperialista a la Revolución Cubana y a su pueblo. Hemos sido y somos un país agredido y en constante lucha por mantener incólumes sus ideales fundacionales. No es la guerra nuestra vocación sino el derecho a la libertad bien definida por nuestros patricios, mártires y líderes, y por un pueblo que siempre ha sabido pensar su destino», argumenta Mildred.
Méndez añade que se trata de claves para entender el actuar y sentir de sucesivas generaciones de cubanos, «la Revolución nos dignificó, nos enseñó a pensar, son divisas indisolubles de la nación cubana; puedo agregar el internacionalismo y la solidaridad por las causas más dignas y nobles».
Constituyen principios esenciales que defendemos y por los cuales estamos dispuestos a entregarlo todo, añade Escalona. Por su parte, Martínez Carmenate insiste en que la historia de nuestra Isla es una muestra permanente de los esfuerzos de buena parte de sus hijos por defenderla de peligros externos, por salvarla de la opresión extranjera.
«Bien se conoce que fue la energía de los patriotas cubanos lo que impidió que, tras las contiendas independentistas, Cuba concluyera con un destino similar al de Puerto Rico. Entonces introdujeron la Enmienda Platt. Tenemos una larga y honrosa lucha de resistencia. Esa epopeya nos ha marcado definitivamente».
Para López Civeira la historia de la nación cubana ha sido y es de combate, por defender el derecho de la nación a existir, a la independencia y la plena soberanía.
«Primero frente al colonialismo español, pero ya desde finales del siglo XIX fue el naciente imperialismo norteamericano el gran obstáculo. De ahí que el antimperialismo se convirtiera en eje central de esa lucha, con ejemplos que parten desde José Martí, pero donde están Mella, Guiteras, Fidel y los muchos cubanos que han luchado y dado su vida en ese combate».
SI LA PATRIA LLAMA, SOLO LA VICTORIA ES LA ALTERNATIVA
Cuando nuestro país vive un acoso tremendo por parte del imperialismo y las fuerzas reaccionarias, la primera lección que nos da la historia es la importancia de la unidad, y también la defensa de los principios, comenta Israel Escalona.
Francisca explica que la historia «no es solo conocimiento, sino aprendizaje, formación de valores, experiencias que deben acompañarnos para analizar y entender nuestro presente, nuestro mundo actual».
Por eso considera que «si bien tenemos que mirarnos desde adentro (¿qué debemos hacer mejor?, ¿cómo podemos tener desde nuestro propio esfuerzo una mejor sociedad?), resulta crucial estructurar políticas frente al imperialismo que garanticen el mantenimiento de nuestra dignidad como nación, nuestra posibilidad de trabajar desde nuestros propios esfuerzos y buscar nuestras propias soluciones. La voluntad de Cuba libre, soberana y digna tiene que prevalecer».
Asimismo, recuerda que Estados Unidos definió su política de enfrentamiento a la Revolución Cubana desde 1959 ,«al elaborar ya desde entonces planes para destruirla, cuando todavía no se había declarado el socialismo. Desde mediados de ese año hay documentos que así lo evidencian, puesto que entendían que la existencia de esta Revolución debilitaba sus posiciones, su imagen, su dominio».
En aquel momento, comenta la profesora López Civeira, actuaban contra Cuba sin que se viera la mano de Estados Unidos de manera directa. «Hoy ya no se esconden de esa manera. Estamos viviendo en tiempos de crisis de ese gran imperio, que pretende recuperar su plena hegemonía, que ya tiene fisuras muy importantes».
José Luis Méndez abunda sobre ese diferendo: «Estados Unidos hizo lo imposible para que no triunfara la Revolución Cubana; intentaron mediatizarla, desviarla de su inédito curso y desde el mismo triunfo y hasta ahora no han cejado en intentar someternos, doblegarnos, gobernar esta irredenta Isla».
La historia nos acompaña, la propia y la ajena, comenta el investigador, «muestra que tenemos que emanciparnos por nosotros mismos, si deseamos defender nuestra integridad, soberanía e independencia; este es el precio, luchar para preservarnos.
«No podemos confiarnos del imperio, que ha demostrado ser artero, con ausencia de ética y moral. Queremos la paz, justa, digna; dialogar en igualdad de condiciones. Otra lección es que cuando cedes en los principios pierdes el respeto, que no se recupera; también los valores acompañantes y el patriotismo inoculado en el ADN nacional. Más allá de tendencias o preferencias políticas de otro tipo, cuando la Patria llama, solo la victoria es la alternativa».
Sobre cómo la historia nacional ofrece pruebas de la importancia de asumir el heroísmo y la resistencia ante situaciones difíciles en aras de un ideal glorioso, aun a costa de inmensos sacrificios, Martínez Carmenate ejemplifica:
«Pienso en Francisco Vicente Aguilera quien, ante el chantaje de los españoles, dijo: “No tengo nada mientras no tenga patria”; finalmente, lo perdió todo y murió pobre. Céspedes y muchos de sus seguidores padecieron lo mismo. Martí fue paradigma de entrega total.
«Cuba se honra de haber tenido muchos hijos e hijas que nunca claudicaron y supieron mantener la dignidad a la altura exigida por las circunstancias, sin flaquear. Puede decirse de este país que su ardua lucha frente a dos imperios define un comportamiento nacional, escoltado por las ansias de independencia. Se trata de un pueblo que ama la paz, no es guerrerista, pero que sabe guerrear cuando amenazan su soberanía».
Mildred de la Torre nos recuerda que la historia, como conocimiento, desarrolla la inteligencia de quienes la asumen crítica y creadoramente, porque contribuye a comprender las complejidades del presente, y aunque no pronostica el futuro sí viabiliza su entendimiento como realidad posible de construir.
«La Historia, además, es la ciencia que estudia críticamente el pasado, es total y abarcadora, y marcha en la contemporaneidad a través de los hábitos, costumbres, modos de vida, ideales, aspiraciones e imaginarios. Asimismo, es la fragua de los valores morales que permite enfrentar los retos de la actual coyuntura política.
«Es quien nos dice que sin ideología y sentido de pertenencia hacia el país de origen no se puede vencer a los que intentan destruir la patria de los sueños nobles y justos de los cubanos de hoy y de siempre. La historia es entendimiento y razón de vida. Interiorizarla es sabiduría para andar mejor».











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