ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Su risa fue un arma, su cuerpo un lenguaje universal. Foto: Getty Images

El pasado 24 de marzo, justo en el centenario del italiano Dario Fo, la fundación que honra su nombre y el de Franca Rame, su esposa y esencial colaboradora de arte y vida, anunció un amplio festejo mundial por el cerrado onomástico, impulsado por su familia, que vela por el valioso patrimonio de su creación.

Heredero de grandes tradiciones del teatro universal, europeo, e italiano en particular, Dario Fo viene de la Commedia dell'Arte, un género que reúne el cultivo de temáticas populares con su correspondiente expresión, capaz de comunicar con el gran público.

Todos apreciamos, en su trasvase a distintas tradiciones, la original galería de tipos que creó la Commedia, devenidos paradigmas del teatro mismo. De un modo contemporáneo, Fo actuó sobre su renovación, tanto en la escritura de los textos, por los que mereció el Premio Nobel de Literatura 1997, como en la gramática escénica, la chispa con que los incendió.

Como todo artista superdotado, también venía de sí mismo y de la influencia de Rame, que, en lo adelante, tendrá la acreditación como coautora de toda obra en que trabajaron juntos. El arte de Fo mezcla al juglar con el actor, al mimo con el clown, hasta obtener una síntesis mayor: la irreverencia del bufón.

Autor de Muerte accidental de un anarquistaMisterio buffoUna mujer sola, como se le conoce y se le representa aquí, y Pareja abierta, entre otras muchas piezas, su escritura recibió el beneficio de terminarse después de subir al escenario y ser sometida a un intenso proceso de improvisaciones, lo cual potenciaba su afilado carácter crítico y su diálogo social y político concreto con el espectador.

Sobre las tablas fue una luz poderosa, un foco de atención asentado en la mímica, la gesticulación, el movimiento y, sobre todo, en ese código de lenguaje inventado por él mismo que, sin pronunciar una palabra correctamente en alguna lengua, parecía que las hablaba todas. No necesitó mucho «afuera», apenas un vestuario de trabajo y su poderío de cuerpo, voz y acción. Tocado por la comicidad, traspasó cualquier barrera idiomática.

Convirtió la risa en un vector, en un arma para fustigar los entornos clericales, burgueses y políticos, mientras luchaba, con su corazón de izquierda, a favor de los desposeídos y postergados. Junto a Rame defendió a la mujer, sus derechos y al feminismo.

Fue amigo de Cuba y sus más nobles causas. Célebres presentaciones suyas en la Isla ocurrieron durante el III Festival de Teatro de La Habana, en 1984. Veinte años después, apareció el tomo Teatro, por Ediciones Alarcos, facilitado por su magnífica traductora al español, Carla Matteini. Sus piezas figuran con regularidad en el repertorio de nuestras agrupaciones.

Tocó cada oficio del teatro con sus manos. Falleció con noventa años hace una década. Ahora, en sus cien, es justo el merecido tributo a su inigualable marca de agua, a la fulgurante obra de este bufón de ley.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.