ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: PhotoStudio Yaimara e Idael

Hacía más de 24 horas que Bejucal, municipio de la provincia de Mayabeque, no contaba con fluido eléctrico; se trataba de otra caída del Sistema Eléctrico Nacional. Razón de peso para sorprenderse ante la multitud de niños pequeños y adolescentes –relucientes, como figuritas de porcelana– que se agrupaban, esperando la orden de entrada, al frente de un modesto local del pueblo, sede de la compañía de bailes Pasti-Dance.

Los padres que los acompañan no van menos arreglados, y en los bolsos llevan el maquillaje y los trajes para los cambios de escena; van repletos, como si ellos también almacenasen los sueños de sus pequeños…, y los suyos propios. Desde adentro se siente el ruido de la planta eléctrica –esfuerzo de muchos– que hará posible este espectáculo.

Todos portan pulóveres de la agrupación, un proyecto surgido en el pueblo, hace más de una década. Allí se reúnen para celebrar otro aniversario más, en una gala que iniciará dentro de unos minutos. Nada más importa, al menos por varias horas, porque creen que pocas manifestaciones son tan hermosas como la danza. Y si ese es el sueño de los pequeños, los mayores harán cuanto sea posible por cumplirlo.

Mágicas fueron aquellas dos horas de espectáculo, en las que no hicieron falta canciones de reguetón en la selección musical, pues los niños parecían disfrutar mucho más El manisero (Moisés Simons), la Contradanza de la zarzuela Cecilia Valdés (Gonzalo Roig), y piezas dedicadas al municipio, cuna de disímiles tradiciones. Eso ya dice bastante del rigor y los valores de esta agrupación danzaria, fundada por Luis Manuel Rodríguez Cordero.

Sin embargo, todos en el pueblo lo conocen por su curioso apodo: Pastilla. Y con motivo del aniversario 15 de la compañía, celebrado esa noche, el pasado 14 de marzo, accedió a conversar con Granma.

«UN FUTURO PARA LA DANZA»

¿Cómo fue posible que esta agrupación de noveles aficionados al arte danzario, única en el municipio, surgiera sin un empeño premeditado? Cierto día, en 2011, Luis Manuel organizó un grupo de baile para una fiesta de 15 años en el municipio, tradición que se celebra como un rito en toda la Isla.

«El grupo tuvo su primer espectáculo en mayo de ese año, en función del  aniversario 298 de la fundación de Bejucal. Y de ahí surge la idea de instaurarlo oficialmente», cuenta.

En lo adelante, puso en práctica los conocimientos adquiridos durante sus estudios en la carrera de Cultura Física, su paso por diferentes talleres y escuelas de baile, y su experiencia en un grupo de gimnasio aeróbico deportivo local, en función de Pasti-Dance.

—¿Pensó que esa aventura podía durar 15 años?

—No. Siempre dije que la compañía iba a desaparecer en algún momento, porque no sabes cuánto durará una agrupación de artistas aficionados, y no puedes dejar las grandes celebraciones para los años cerrados. Cada aniversario es importante.

«A partir del quinto aniversario –dice– participamos más en la televisión, y logramos presentaciones en teatros de La Habana, como el Carlos Marx. Para quienes viven en la capital eso pudiera constituir algo normal, pero para una agrupación de niños que viven “en el campo” es inolvidable».

Aunque hoy, bajo el eslogan «Un futuro para la danza», agrupa a niños desde preescolar hasta sexto grado, en sus inicios solo incluía a estudiantes de secundaria y preuniversitario. Los más pequeños integran talleres formativos según su edad, y los adolescentes forman parte de la «escuela» de la compañía.

—Hablando de los más pequeños, y desde su experiencia, ¿cómo contribuye a su formación que participen en compañías de aficionados como esta?

—Aquí no solamente se aprende a bailar. No somos una escuela de arte: te puedes encontrar a niños de todo tipo porque no poseemos requerimientos especiales; y brindamos la posibilidad de que todo el que lo desea pueda formar parte de ella, para enseñarles a ser más comunicativos y que así amplíen sus lazos de amistad.

El crecimiento sucede también dentro de las familias, cuyos padres se esfuerzan para que sus hijos –quienes a veces residen fuera del municipio– puedan disfrutar de los ensayos y las funciones, al margen de las contrariedades cotidianas.

«Es muy difícil, los tiempos lo son, pero ellos se sacrifican. Estar en Pasti-Dance representa no faltar a los ensayos; nunca se suspenden. Tampoco pueden salir mal en la escuela, ¡ojo con eso! –exclama–, el rendimiento académico debe marchar al compás del trabajo».

PastiDance, compañía consolidada como un referente artístico en la región, reafirma su compromiso con la danza y la memoria cultural de la comunidad bejucaleña. Foto: PhotoStudio Yaimara e Idael

Asimismo, Pastilla aclara que la compañía no aspira a ser un molde para formar artistas profesionales, mas puede decir, con orgullo, que en sus filas se han formado graduados del Instituto Superior de Arte, otros realizan una carrera de modelaje y algunos, incluso, se abren camino en el extranjero.

—¿Cuál ha sido la experiencia más dura al tratar con niños?

—¡Qué decirte! He tenido integrantes cuyas familias no se integran al proyecto; es decir, ellos están aquí por mi voluntad de poderlos ayudar y sacarlos un poco del lugar donde están. Uno de mis niños a las tres de la mañana era el “jefe” del parque, ¡y era el más chiquito en ese momento!

«En coordinación con su madre, mi familia lo acogió como uno más. Hoy es una excelente persona, involucrada plenamente en la sociedad: trabaja, tiene un hijo, y se ve que la persona que es hoy –lo dice sin gesto de autosuficiencia– se lo debe a la compañía».

Su trabajo no entiende de flaquezas ni de cansancios. A veces ha debido pedir consejo a un sicólogo ante situaciones delicadas, y esos cuidados han sido extensivos a todo el que ha formado parte de esa gran familia, «porque solo será memorable lo que haces con el corazón».

Memorable ha debido ser también esta experiencia para Milagros Monsibáez López, bejucaleña, profesora e igualmente fundadora de Pasti-Dance, cuya mayor satisfacción consiste en ver cómo esos pequeños van creciendo poco a poco y son más independientes: «Mis niñas aprenden y se divierten en las clases, me dicen que es su único momento para desconectar de la realidad».

Ella es una de las responsables de impartir las lecciones de bailes tradicionales y de folclor, cuyo repertorio se traza con el objetivo de rehabilitar la música popular cubana. De ahí la selección musical aludida al inicio de la entrevista.

«No violentar las etapas del niño; eso es importantísimo –refiere Pastilla–. Puede que bailen reguetón mejor que los adultos, pero no es su tiempo de hacerlo. Aquí tratamos de evitar esa costumbre, no es el perfil de la compañía».

Casos como el de la estudiante Cleydis Hernández Amable, de 15 años, dan cuenta del impacto de la agrupación. Aunque entró hace apenas un año, cuenta que su timidez se esfumó desde entonces, y que allí conoció a «personas que han significado mucho en mi vida, que han creado valores y sentimientos en mí».

¿De qué valores estamos hablando?: «Responsabilidad, humildad, y trabajo en equipo», apunta Lais Sacerio Pérez, una de las madres implicadas en el proyecto. Ella describió el final de la celebración por el aniversario 15 como «mágico», ya que «la mayoría no habíamos bailado nunca y el director logró lo impensable: nos unió como padres, como equipo y como familia, al punto de que ya todos nos sentimos empoderados y bailarines profesionales».

En la compañía, la familia —en especial, los padres— juega un papel importantísimo en su funcionamiento. Foto: PhotoStudio Yaimara e Idael

BEJUCAL, SU PATRIA

Ante la pregunta de si hubiese podido fundar la compañía fuera de su tierra natal, Pastilla duda por unos momentos. Me atrevo a decirle que le hubiese sido imposible y luego, quizá sin darse cuenta, contesta afirmativamente.

«Bejucal lo es todo para mí: mi corazón. No he querido emigrar de aquí y trato de hacer todo lo posible, e imposible, por salvaguardar la cultura de mi pueblo».

Como si no hubiese acumulado ya méritos suficientes para ganarse el afecto de sus coterráneos, en 2023 se ofreció a rehabilitar las históricas charangas del municipio, paralizadas por la Covid-19. La celebración es una de las fiestas populares más antiguas de Cuba, declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 2015.

Fue necesario, porque un diciembre en el pueblo implica «la misa del gallo, la salida de las carrozas, la guerra entre los dos bandos y el reafirmar nuestras raíces». Asimismo, revela que idea nuevos proyectos para enaltecer esta tradición.

Las actividades de la compañía han incluido una misa de acción de gracias, pasacalles, exposiciones y espectáculos temáticos, en los diferentes locales del municipio. Foto: PhotoStudio Yaimara e Idael

«Bejucal también tiene la dicha de ser una cuna no solo de patriotas y de personalidades, como el mambí Juan Delgado González, sino de muchas cosas que pasaron a nivel nacional, como poseer el primer ferrocarril de toda Latinoamérica», señala.

A estas alturas, cree que es alegría suficiente haberle celebrado «los 15» a Pasti-Dance. No obstante, no descarta algunos sueños, dígase el realizar una gira a nivel nacional.

Entonces, ¿cuál ha sido el mejor regalo que le ha dado la compañía?: «Una razón para existir. Ver a los muchachos, ensayar, y preparar las presentaciones es una satisfacción tan grande que siento no solo cuando se cierra o abre el telón. La siento desde mi alma, cuando pienso en lo que fue y lo que es hoy».

«Hemos sabido reinventarnos pese a todos los problemas, y, bajo el difícil contexto en que vivimos, creemos en la certeza de que la cultura es lo primero que se debe salvar. Podemos prescindir de los grandes teatros, de los grandes espacios, y de muchas otras comodidades. Solo necesitamos la voluntad de hacer. Y que nos dejen hacer».

No la necesitan, ya cuentan con ella: él, los profesores, los pequeños, sus padres, y todos los que han creído en la utilidad de este proyecto, que ansía seguir siendo un futuro para la danza.

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