ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Yania Aguirre remontó una desventaja de seis puntos en alrededor de un minuto para titularse en los Juegos Panamericanos de Toronto. Foto: Roberto Morejón

Tras su retiro en 2019, Yania Aguirre trabajó dos años en la Dirección Provincial de Deportes en La Habana, luego cambió para el municipio de Diez de Octubre, como metodóloga de formación integral, y declara estar muy cómoda en esa función.

Mucho tiempo ha vivido ya fuera de los relojes llevados por los jueces en las competencias de taekwondo, pero aún recuerda, como si recién finalizara un combate, los mayores hitos conseguidos a lo largo de su carrera.   

«En el Mundial de mayores Copenhague-2009, me hallaba en mi último año juvenil y me confirieron la responsabilidad de representar al país en la división de 49 kilogramos. Perdí en la discusión de bronce por inexperiencia: en estos grandes eventos un error te puede costar la medalla y así me pasó».

Un cuatrienio después contribuyó a la mayor actuación de la Isla en citas del orbe, con un segundo puesto por naciones en Puebla, México. Allí triunfaron Glenhis Hernández, en los 73 kilogramos femeninos, y Rafael Alba, en los 87 masculinos; mientras, su compañero de división Robelis Despaigne, Yamisel Núñez (53 kg) y Yania aportaron bronces. 

La capitalina de Arroyo Naranjo labró su camino al podio con sonrisas sobre la argentina Carola López Rodríguez y la estadounidense Charlotte Craig, antes de caer delante de la tailandesa Chanatip Sonkham, segunda del ordenamiento mundial en julio de 2013 y bronceada olímpica en la entonces reciente edición de Londres.  

Sonkham derrotó a la cubana 14-2 en la semifinal del Mundial de Puebla. Foto: PeterBolz

«Nadie esperaba el desempeño colectivo, pero sí de manera individual, pues tuvimos buena preparación en la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento Giraldo Córdova Cardín, con un entrenador exigente y detallista, Ramón Arias».

Dos veranos más tarde, en los Juegos Panamericanos de Toronto, disputó una final que «voy a recordar toda mi vida, llegaba en excelente forma y, sobre todo, con tremenda actitud porque conté con el apoyo de mis compañeras y del cuerpo técnico. Siempre pensaron que podía alcanzar un buen resultado».

En la final, ante la mexicana Itzel Manjarrez dominó el asalto inicial 3-0, pero en el segundo parcial quedó detenida su puntuación, mientras la de su rival la duplicó, y en los tres minutos finales vio cómo la desventaja crecía a seis. Parecía insuperable, pero en la mente de la aguerrida cubana, no.

Restaban menos de 60 segundos cuando encontró a la contraria con giro y patada a la cabeza, para acercarse a dos puntos. «Esa acción la habíamos ensayado ante atletas de más talla. Cuando estaba en la silla, Arias me lo orientó y confié, preparé el momento, pues si él decía que debía hacerlo yo iba con los ojos cerrados.

«Si ya logré lo más difícil, otro golpe arriba resultaba lo más fácil, me sobraba fe y lo conseguí en el último instante, para remontar y ganar 10-9. No soy de las más altas en la división, en la que la media se encuentra por 1,70 metros. Mido 1,62, pero siempre las habilidades me emparejaban con las oponentes».

La fortaleza mental fue fundamental para revertir una situación tan adversa Foto: Roberto Morejón

Por supuesto, sigue la actualidad de su deporte, en el cual nos representan «jóvenes, entre ellos Yoikel Goicochea, y otros casos como Arlettys Acosta y Tamara Robles, más experimentadas, pero que aún les falta el salto a la palestra mundial. De ellos podemos esperar grandes resultados.

«Hay otras como Marlyn Pérez, heredera de mi división, que debe madurar un poquito más, pero posee calidad. Lleva tiempo, dedicación y deseos de regresar al taekwondo a sus lugares de antes».

Aguirre mantiene un matrimonio de 13 años con el saltador de triple Yoandri Betanzos. «Nos conocimos en la Escuela Giraldo Córdova Cardín y tenemos una niña que incursiona en la lucha, especialmente en la modalidad de playa, y ya ha alcanzado sus medallas.

«Él la apoya bastante, la lleva a los entrenamientos, y yo también estoy para cuanto ella necesite. Dios quiera que sea una gran campeona, como sus padres».

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