Era joven,
en sus manos se abría el futuro
de una tierra nueva.
Era pobre,
conocía el sudor que se cosecha
con la espalda cansada y el bolsillo vacío.
Era un patriota;
Cuba, la Revolución, eran para él
una realidad.
Murió destrozado por la metralla yanqui
Al amanecer del 15 de abril.
Se llamaba Eduardo García.
Era Miliciano.













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