ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El poeta Edurman Mariño Cuenca. Foto: Cortesía Instituto Cubano del Libro

Resulta muy grato conversar con alguien que acaba de merecer un premio. Tanto lo que queremos saber, como lo que el agasajado nos dice, recorre casi siempre una historia, en la que no faltan los orígenes, los propósitos del presente, y algunas revelaciones que terminan acercándonos al entrevistado.

Edurman Mariño Cuenca (Sagua de Tánamo, 1971), es poeta y narrador. Sus relatos han aparecido en libros colectivos y su poesía se agrupa en cinco poemarios. Con Objeto Social ha resultado ganador del Premio Nacional Nicolás Guillén 2025.

Antes de iniciar la conversación le preguntamos por su nombre, tan poco común: «Es heredado de mi padre, se dice que mi abuelo lo encontró en un periódico y que aludía a una especie de caracol, aunque no he encontrado referencias al respecto, así que lo tomo como invención».

–¿En qué circunstancias nacieron los primeros poemas?

–Mis primeros poemas nacen por la necesidad de expresión de un joven que, después de sus escarceos en la narrativa, necesita sustento para esas imágenes que le asediaban y no lograba aquietar.

«Sin dudas, Moa trazó el camino. Vivir neutralizado por la distancia en un entorno precario, pero distintivo; donde los hechos o actos culturales eran nulos (aunque resalto que en una etapa de los 90 tuvimos envidiable vitalidad en este sentido); donde los hombres solo se movilizaban a un hábitat laboral de 24 horas durante los 365 días del año. Con paisajes ríspidos, con utilitarias edificaciones, sin ninguna pretensión estética, de un impactante rojo que se te adhería a la vestimenta, a las manos, a la memoria.

«Ese entorno forjó al poeta que ha llegado hasta acá. Esa soledad y distanciamiento ayudó a que escribiera lo que quería del modo que me parecía, sin indicaciones ni influencias inmediatas de gremio literario alguno. Hizo que gestionara mi crecimiento por mis propias vías, que madurara en mi percepción y enfoques literarios, solo con mucha insaciable lectura e incansable escritura».

– Ya le habías picado cerca al Guillén…

–Mi libro El Arte de atrofiar resultó finalista en el 2012, y en el 2014 fue publicado por Ediciones Matanzas. Con respecto a Objeto social, tienen mucho en común. De hecho, todos mis poemarios lo tienen, por ese enfoque de acumular fugacidades, impactos de la realidad y aspirar a que adquieran el equilibrio de un poema.

«Porque mis poemas son esos destellos de vida que pretendo organizar de un modo casi lenitivo, son una especie de gradación, alguno puede resultar mejor que otro, pero todos signan mi pretensión de adherirme al tiempo, con esa única estrategia que es el poema, esa única arma que es la palabra, la necesidad de testimoniar mis sensaciones, mis obsesiones… es que al cabo del tiempo vuelvo a mis libros y puedo rememorar cada detalle de cuando fue impelido el poema, eso me revela ante el presente, me recubre de memoria cuando creo que derivo en olvido. 

–Me dices que Objeto Social «transita por esas constelaciones humanamente soportables e insoportables que signan el vivir» …

–Desde la pérdida de mi padre hasta esa sensación de que abrevia el tiempo y debes acopiar las minucias de vida que puedas, pasando por algo de felicidad, algo de rabia, decepción, certeza…, están esas constelaciones, esos momentos vividos que nos traen tranquilidad o inquietud, y es lo que trato de retener en los versos. El poema se convierte en una declaración del tiempo, o si se quiere, de la vida.

–¿Qué relación guardas con la escritura?

 –No está condicionada por otra cosa que no sea el sentido de mi existencia. Y claro que en mis

poemas puedes ver, si te asomas, atenta, a Edurman, al Edurman que pretende ser. Hay consuelo, hay liberación, hay realización, imperfección, el intento de no ser borrado de pronto sin atestiguar.

–¿Qué significa haber merecido el más importante laurel lírico que otorga este país, con tantos hijos poetas?

–Es como haber alcanzado una meta, una aspiración que tuve por mucho tiempo, porque, aunque no escribo para concursos, uno como este le da la visibilidad que necesita tu escritura, te permite tomar aire para continuar, te asegura la publicación del poemario, algo a lo que todo escritor aspira. Sobre todo, me dice que todo este bregar, todas esas horas de ensueño, de obsesiones, de pasarte días, meses, detrás de una palabra o un verso, de tanto aprendizaje y ejercicio, no ha sido en vano.

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