ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Veamos las razones por las cuales surge, dentro del contexto del streaming, un relato épico-histórico como El gran guerrero (Apple tv+, 2025). La plataforma de la manzanita mordida se gastó un dineral en la serie, en primer lugar, porque Jason Momoa, su protagonista, aupó a la cadena en los inicios de esta, mediante la serie fantástica See. Y la televisión y el cine de EE. UU. se parecen a sus políticos en eso: si alguien los ayudó a subir, lo respaldan.

Por supuesto, allí el billete empuja más que cualquier fidelidad. See se posicionó bien y el apellido Momoa entraña ganancias en el cine, algo demostrado mediante los 1 150 millones de dólares de la primera parte de Aquaman y los más de 500 de A Minecraft Movie.

Del mismo modo, incidió en el visto bueno a la salida de la carísima serie (de 15 a 17 millones de dólares por episodio) que Apple tv+ ha financiado varias superproducciones seriadas de diversos géneros, pero ninguna obtuvo los lauros de Shogun, serie de la plataforma fx de tema histórico que aquí intentaron emular, apelando a dicho género. A la larga no tuvieron ni su Shogun ni su Vikingos, pues le salió algo intermedio, sin el atractivo de aquellas.

Sin desdorar las intenciones que pudieron albergar los creadores de El gran guerrero de visibilizar la cultura y el pretérito de Hawái (bueno, solo una parte de este), no hay correspondencia entre la acuciosidad o la prolijidad de segmentos de su recreación histórica y el desarrollo narrativo de estas nueve horas, sucumbidas a zonas muertas, iteraciones, malos personajes y peores actuaciones.

Que en nueve episodios solo dos grandes secuencias desperecen a un espectador en duermevela (la captura del tiburón del piloto y la competencia por el despeñadero del quinto) o que únicamente exista un combate decente (el del capítulo final), da idea de que la superproducción de Apple tv+ no salió como se pensaba.

De poco le vale al material su celo por mantener los diálogos en lengua autóctona, describir minuciosamente hábitos y costumbres de los moradores de las islas hawaianas, respetar su modo de vestir o emplear a moradores originarios dentro del reparto, si la evolución de la trama languidece entre larguísimos y mortecinos episodios acéfalos de garra, dinamismo, vibra, bomba, pasión.

Según Momoa, se inspiraron en Corazón valiente (Mel Gibson, 1995) para filmarla. Que el Khal Drogo de Juego de tronos diga eso supone una demostración de ignorancia. Gibson será un sujeto reaccionario y misógino, pero posee un talento superior para dirigir la pantalla épica, bélica y de aventuras. El realizador de Apocalypto reúne en su cine todo cuanto falta en esta serie: magia, tensión, ritmo, buenas coreografías bélicas, concepción y aprovechamiento de los clímax, personajes condimentados con calor y color.

Un contrasentido en medio del verismo pretendido por El gran guerrero es la incomprensible decisión de que la inmensa mayoría del rodaje fuese en Nueva Zelandia, desperdiciando la maravilla geográfica del archipiélago del Pacífico. Sydney Pollack debió rodar su Havana (1990) en Santo Domingo a causa del bloqueo yanki contra Cuba, ¿pero Apple tv+ no puede filmar en Hawái?

Y a los yankis vamos. El nacido en Hawái Jason Momoa (gestor central de esta serie cocreada por él, en la cual interviene en casi todo, no solo como el personaje central del líder Kaiana) no quiere meterse en el berenjenal de criticar a los invasores de su patria, porque el hombre depende de Hollywood.

Así, en su epopeya sobre las luchas de unificación de los cuatro reinos de Hawái y su repaso histórico general al pasado de su país de origen, el papel ignominioso del imperialismo norteamericano resulta obliterado. En la serie no reservan siquiera un mísero rótulo final para fustigar la guerra de agresión de EE. UU. de fines del siglo XIX contra un territorio anexado a la fuerza, convertido luego en base de operaciones para sus tropas en las dos guerras mundiales.

Quizá lo haga en la segunda temporada, mas de verdad no lo creo.

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