Cada 1ro. de julio, Cuba rinde homenaje a quienes dedican su vida a rescatar, proteger y narrar el devenir de la nación: los historiadores. La fecha se constituyó en honor a la investidura del doctor Emilio Roig de Leuchsenring –destacado periodista y promotor de los congresos nacionales de Historia en el pasado siglo– como el primer historiador de la ciudad de La Habana.
A Roig le tocó vivir una época compleja: las primeras décadas de la República, tiempo de modernización acelerada y cierto descuido por rescatar la historia, pero de una prolífica vida intelectual y cultural. A él le debemos haber salvaguardado la memoria de la capital de todos los cubanos.
Antes de transitar por los caminos de la investigación y el patrimonio, lo hizo por el Derecho y el Periodismo. Se inició en los rotativos impresos como un escritor costumbrista, para luego incursionar en las materias jurídicas y reconocer su vocación en los estudios de la nación y de La Habana.
Lector insaciable, creyó en la utilidad de la palabra escrita, y eso lo demuestran sus décadas de quehacer literario y apuntes históricos. Fue, además, editor, y mérito suyo resultó la publicación, en 1932, de la primera edición cubana de La Edad de Oro.
Su nombramiento como Historiador de la Ciudad, en 1935, constituyó una conquista simbólica en favor de salvaguardar la memoria de la capital. Desde ese cargo, que desempeñó hasta su muerte, Roig impulsó la conservación de la urbe y la publicación de textos que abordaban su valor patrimonial.
Cercano a las figuras de Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Juan Marinello, tuvo una alta vocación antimperialista y defendió la independencia cultural de Cuba, al enfrentarse a los mitos de una historia manipulada por intereses foráneos.
Fue creador de la primera Comisión Nacional de Monumentos y Sitios Históricos, en 1940, y de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, gracias a la cual se salvaguardaron muchos monumentos, tal como los conocemos en la actualidad.
Su fallecimiento en La Habana, el 8 de agosto de 1964, no detuvo la encomiable labor que desarrolló por la ciudad que también lo vio nacer, pues encontró en Eusebio Leal Spengler –el más destacado de sus aprendices– a un fiel sucesor.
Sirva este día para honrar a los cultores de la historia, esos seres de profunda sensibilidad y sed de conocimientos, encargados de plasmar para la posteridad los sucesos trascendentes de una época en concreto.
Recordemos también, en esta jornada, los aportes de muchos como José Martí, Ramiro Guerra, Fernando Ortiz, Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo que, quizá sin proponérselo, asumieron la inmensa labor de historiar la nación.











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