En un enfrentamiento carente de gran atractivo técnico, pero sobrado en cuanto a la intensidad táctica, el París Saint-Germain levantó «La Orejona», el trofeo de la Liga de Campeones del fútbol europeo, por segunda ocasión en su historia, ambas de forma consecutiva.
La noche en la Puskas Arena de Budapest, Hungría, parecía teñirse de rojo tras la ventaja temprana (al minuto seis) conseguida por el Arsenal, gracias a un remate al ángulo, dentro del área, ejecutado por el alemán Kai Havertz, hombre de finales, autor de la única diana en el triunfo del Chelsea ante el Manchester City un lustro antes.
El equipo londinense unía sus líneas como un acordeón, mientras el club francés avanzaba metros en la cancha. En el último cuarto, el PSG encontraba un muro casi imposible de vulnerar, con todos los jugadores de campo rivales ubicados en una franja de cinco metros o menos.
Ese posicionamiento, unido a las coberturas, los movimientos, los cortes, los relevos y la solidaridad defensiva, forzó varios disparos lejanos desesperados durante el primer tiempo, aunque en la segunda mitad aparecieron tiros mucho más peligrosos, sobre todo de Vitinha.
Poco después de la hora del desafío, una gran pared en la entrada al área por la izquierda, realizada entre Ousmane Dembelé y Kvaratskhelia, provocó un penal, rematado por el primero de ellos, que empató la pizarra a un tanto, resultado sostenido durante el resto de los 90 minutos reglamentarios y toda la prórroga.
La última final extendida a tiempo extra ocurrió justo una década atrás, cuando el Real Madrid batió a su rival de ciudad, el Atlético, en los penales. Hasta esa instancia debieron recurrir ahora y los del París dominaron 4-3, pese a una gran atajada de David Raya a Nuno Mendes, pero antes había fallado por los británicos Eberiche Eze y en la quinta ronda la voló el central Gabriel Magalhaes.
Esta vez no fue por goleada, como el histórico 5-0 ante el Inter de Milán en 2025, pero lo importante es que el PSG cada vez más logra resarcir su historia de decepciones y merece la consideración como un candidato a figurar entre los grandes de Europa.







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