ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Obra de David Alfaro Siqueiros. Foto: Obra de David Alfaro Siqueiros

Leo la prensa internacional, rebusco en internet y confronto fuentes –elemental deber de un periodista–, y el día a día me muestra, en primer lugar, una paz contaminada y mutilada por quienes prefieren y viven del negocio de la guerra.

En ese contexto, no se pueden obviar –aunque mucha prensa occidental lo haga– que el gran contraste informativo y real pueda ser el que Cuba, la Isla bloqueada, asediada y amenazada por los hacedores de guerras, haya amanecido por estos días, con una noticia de paz y victoria: se ha «desarrollado un candidato vacunal, el HEBERSaVax, diseñado para el tratamiento de diversos tumores malignos –único en el mundo–, contra el cáncer».

Años antes, durante la pandemia de la COVID-19, fue nuestro país el que creó más vacunas, debidamente probadas, y salvó más vidas, tanto aquí como en otros países donde fueron usadas con una alta eficiencia, algo que tampoco «nos perdonan» quienes se proponen destruir nuestro ejemplo. 

Son logros científicos, victorias por vivir en paz y contribuir a que el mundo en pleno, sea un mundo de paz.

Lo alcanzado ahora, en la lucha por curar las enfermedades oncológicas, Cuba no solo lo utilizará en su población que lo necesite, sino que lo pondrá a disposición del mundo, para el tratamiento de esa enfermedad en diferentes etapas.

Y, algo muy importante, los científicos cubanos creadores del proyecto, se proponen que este medicamento sea incorporado al protocolo terapéutico del sistema de Atención Primaria de Salud cubano, porque ayudará a prevenir el avance de varios tipos de cáncer, lo que generará un alivio frente a las afecciones oncológicas, que constituyen una de las principales causas de muerte y afectación de la calidad de vida en el planeta. 

Es, sin duda, un logro para la vida, para la paz, para un mundo donde las mayores inversiones económicas se utilizan en los complejos militares, en vez de destinarse a garantizar la existencia de los seres humanos. Es otra contribución de Cuba, para que las personas estén por encima de intereses hegemónicos, económicos y militares, en ese afán perverso del unilateralismo y la supremacía.   

Y a ese sistema de Salud en Cuba, se le ataca todos los días por parte de los monstruos que quieren abolirlo «con un cambio de régimen», para instalar otro, anexionista por supuesto, que lo primero que haga sea privatizar la salud, la educación y todo lo que sea beneficio social.

Son predicciones imperiales que no tienen en cuenta el sentimiento y la petición del pueblo cubano, ese que puede, hasta tener más de 20 horas de apagón al día, pero que se siente seguro de que nunca será abandonado y sin derecho a recibir la atención médica gratuita, y donde se utilizan, hasta las más caras vacunas, sin preguntar al paciente si tiene dinero para pagarlas.

Que los médicos cubanos hayan llevado ese sistema de atención a las comunidades más pobres en los países del Tercer Mundo es, sin duda, un desafío a los intereses económicos y comerciales de las grandes farmacéuticas, esas que, sobre todo, trabajan para enriquecer su capital.

Es por ello el empeño del actual gobierno estadounidense, en acabar con los servicios médicos y la solidaridad cubanos que tantos millones de vidas ha salvado y salva en la actualidad.

En contraste con la buena nueva de que la humanidad cuente con una vacuna contra el cáncer, la mayoría de las noticias de estos días finales de mayo, se refieren a otro cáncer, alentado y financiado por los gobiernos de Estados Unidos y ejecutado por sus peones de Israel: los bombardeos contra Gaza y El Líbano, donde cada día se reporta la muerte de niños, mujeres y ancianos, en su mayoría.

Otros hechos antipaz son reportados desde Rusia, cuando un bombardeo de la aviación ucraniana contra un albergue de estudiantes adolescentes rusos, mató a más de 20 de ellos e hirió a varias decenas. Esas bombas, con etiqueta de Occidente, cegaban la vida de jóvenes rusos, un día antes de que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, bautizara a una unidad de fuerzas especiales en honor a colaboradores nazis. Se trata del Ejército Insurgente Ucraniano que participó activamente en la masacre de los judíos y polacos en la década de 1940, según un despacho de RT.

Finalmente, este día, desde el gobierno de Estados Unidos se advertía, desafiantemente, que se «haría volar a Omán», una nación del Oriente Medio que comparte con Irán el control del Estrecho de Ormuz.

Este mensaje de odio y guerra, como ha ocurrido reiteradamente, se produce cuando delegaciones iraníes y de Estados Unidos están sentados a la mesa de negociaciones, cercanos a llegar a un acuerdo para que termine la guerra de agresión que, dirigida desde Washington y con participación israelí, ha causado más de mil muertos, entre ellos más de 130 estudiantes de un centro escolar iraní, y varios de los máximos dirigentes de la nación persa, incluyendo al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

El gasto militar para Estados Unidos, en su guerra contra Irán, se estima entre 40 000 y 50 000 millones de dólares. Dinero más que suficiente para dar comida y salud a millones de hambrientos y enfermos de esos que abundan en este mundo convulso y desigual.  

Sin duda, una inversión que pudo hacerse, no para la guerra, sino para la paz necesaria, que se conquistará, entre otras cosas, combatiendo el hambre y las enfermedades, y aboliendo las sanciones y los bloqueos, que tanto sufrimiento traen a los seres humanos.      

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