
Era el 20 de abril de 1930. En la página Ideales de una raza, del ultrarreaccionario Diario de la Marina, en la que se difundían valores intelectuales del negro, aparecían publicados unos poemas firmados por el joven Nicolás Guillén, que dejaban boquiabiertos a los lectores del suplemento dominical.
¿Qué era aquello que, escrito con precisa prosodia, preguntaba al chulampín: ¿Por qué te pone tan brabo, / cuando te disen negro bembón? / (…) Bembón así como ere / tiene de to; / Caridá te mantiene, / te lo da to.? ¿Aquello que resaltaba el orgullo negro ante quien, por tener la piel más clara, experimentaba cierta ventaja?: Si tú supiera, / mulata, / la veddá; / ¡que yo con mi negra tengo, / y no te quiero pa na!
Y en otra pieza: La chiquita que yo tengo / tan negra como é, / no la cambio po ninguna, / po ninguna otra mujé. Y en otra, una voz que habla con Bito Manué, el negro que ha tratado de conquistar a una turista: La mericana te buca, / y tú le tiene que huí: / tu inglé era de etrái guan, / de etrái guan y guan tu tri.
Estremecimiento, conmoción, identificación, clamor del espíritu popular, sensibles y aparentes candideces… todo esto, y más, representaban aquellos versos de Motivos de son. Tanto que, al decir del biógrafo del Poeta Nacional, el distinguido intelectual Ángel Augier, «en momento alguno de la evolución literaria nacional se había producido tan honda sacudida como la que en aquellos días agitó las hojas de las publicaciones cubanas».
Razones tenía el bardo, víctima de la discriminación racial y comprometido con las ideas revolucionarias de su tiempo, para albergar inquietudes que subyacían en el sentir colectivo y aguijoneaban el suyo propio. Una noche, mientras procuraba dormir, se le instaló en el pensamiento una voz: negro-bembón. El ritmo de la frase le hablaba y no consiguió el sueño. «Me levanté temprano, y me puse a escribir. (…). Escribí, escribí todo el día, consciente del hallazgo. A la tarde, ya tenía un puñado de poemas (…) que titulé de una manera general Motivos de son».
Fue Motivos… de una poesía distinta y raigal, en la que aparecía el negro como protagonista, y a la vez que pintaba, con cierta gracia, el desfavorecido sector de la población cubana, ofrecía una denuncia a sus condiciones de vida.
«No como simple motivo musical, sino como elemento de verdadera poesía», había procurado el poeta incorporar a las letras nacionales, sus «poema-son», inspirados en el popular baile cubano. «Los sones míos pueden ser musicalizados, pero ello no quiere decir que estén escritos precisamente con ese fin, sino con el de presentar, (…) cuadros de costumbres (…), tal como ellos se agitan a nuestro lado. Tal como hablan, tal como piensan», y «además para reivindicar lo único que nos va quedando que sea verdaderamente nuestro», explicaba Guillén a José Antonio Fernández de Castro, en una entrevista que le había concedido.
Como era de esperar, Motivos… tuvo algunos detractores, pero el peso de una justicia literaria y etnológica, que se abría paso, se encargaría de poner en su sitial una contribución sociológica y cultural de tamaña envergadura. A 95 años de su aparición, no cabe dudas de que Motivos… es una de las joyas de la cultura cubana.











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