ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los artistas reivindicaron la conservación de las tradiciones musicales que identifican a cada país. Foto: Cortesía del CNEArt

Cuando Rodrigo Sosa llegó este martes a la Escuela Nacional de Música (ena), dejó ver claramente que no le eran ajenas aquellas aulas. La forma familiar de saludar los profesores, junto al entreverado acento, ya casi cubano, hacen dudar de la procedencia de este argentino que a los 16 años quedó enamorado de este país, en el que se formó como músico. Aquí regresa una vez más, ahora acompañado de su coterráneo, el maestro Chango Spasiuk, para ofrecer en el centro una clase magistral.

Spasiuk, que aprendió a tocar el acordeón a los diez años de forma empírica, llegó hasta Cuba dispuesto a transmitir a los estudiantes no solo el conocimiento teórico de un instrumento tan peculiar y alejado de la tradición caribeña, sino el sentimiento y las pautas básicas que deben guiar a un músico en su camino profesional.

«Para nosotros es de suma importancia compartir y conocer sobre este tipo de culturas nuevas. Tenemos la obligación y la necesidad de aprender. Que venga un maestro de tal prestigio es un honor. Además, conocer a personas tan talentosas como Rodrigo y saber que salieron de estas mismas aulas nos motiva para continuar esforzándonos en nuestra carrera», nos cuenta Mario Rivera, estudiante de cuarto año de piano, quien minutos antes tuvo el privilegio de acompañar a los visitantes en una improvisada interpretación del clásico Almendra, de Abelardo Valdés.

Con la metodología y la expresión de un filósofo que dirige sus palabras al futuro de su raza, Spasiuk conversó sobre el «sabor» de la música, el hecho de que esta puede sentirse al igual que la comida, y debe disfrutarse físicamente como tal. Rodrigo, por su parte, recuerda los años de estudio en la institución, y la decisión de estudiar aquí pues, como afirmara en modo advertencia a los actuales alumnos, «en Cuba hay un gran tesoro musical y ustedes son los encargados de cuidarlo».

Los artistas reivindicaron la conservación de las tradiciones musicales que identifican cada país, y la necesidad de encontrarse con la cultura y la raíz propia antes de incursionar o mezclarse con otras, algo que ambos supieron hacer a la perfección, en el caso de Rodrigo, mediante la quena, instrumento tradicional andino que ha logrado introducir exitosamente en sus producciones con artistas cubanos.

Como muestra, interpretaron varias piezas de chamamé, género musical de profunda melancolía, propio del noreste argentino, lugar del que provienen ambos. 

Para Sosa, regresar al pasillo de la ena resulta un conjunto de emociones que lo trasladan a sus inicios como músico, a todas esas historias de los años en los que estuvo becado allí, y si quedara algo en el aire, sus maestros se encargaron de recordárselo con anécdotas simpáticas que acercaban aún más la vida del ahora reconocido músico a la de aquellos muchachos.

Spasiuk, pedagogo por naturaleza, continuó atendiendo, luego de finalizada la conferencia, a cada uno de los muchachos que, sedientos de conocimiento, se acercaban a él para hacer preguntas técnicas sobre aquella nueva música que descubrían. Al preguntársele por su experiencia en las aulas cubanas, comentó: «Quiero volver a encontrarme con ellos, volver y verlos en otro momento de sus vidas. Estoy seguro de que los encontraré en el camino de la música».

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Gerardo Ourracariet dijo:

1

29 de septiembre de 2024

11:46:31


Que excelente nota, y que grandes músicos Rodrigo y el querido Chango