Con la severidad de la propia carne cuando no ha sido procesada, así llega al espectador el más reciente videoclip de Buena Fe, perteneciente a su producción discográfica Morada, video en el que las sentencias despiadadas de su letra combinan perfectamente con el cruento ambiente recreado por Alejandro Pérez, su director.
Un corcel blanco, emblema de la tenacidad y la fuerza, resulta ser el protagonista elegido por el creador como víctima, para dar sentido a los perspicaces versos a los que ya nos tiene acostumbrados el dúo. A su vez, se muestra un Israel Rojas en calidad de matarife, bañado en la sangre de las bestias sacrificadas.
El tema resulta una alegoría al autoengaño y las ínfulas desmedidas. Mediante la poesía característica del autor, se aprecia el vínculo, a veces disonante, entre la autopercepción y las verdaderas facultades.
El cantautor funciona como la propia hacha con la que trocea los cuerpos en el video musical, solo que, en este caso, los cuerpos están vivos recibiendo el mensaje. Mediante la letra, Israel nos pone frente a un espejo al que, alguna vez en la vida, todos nos hemos enfrentado.
¿Quién no ha creído alguna vez que sobre el fuego también se trota?; sin embargo, la generalidad es que todo animal sucumbiría en llamas ante semejante intento desmedido por lograrlo. Tal y como se demuestra en el video, existe un límite para toda esperanza; la fe y el amor propio no han de cegar nunca al ser humano en su camino hacia el éxito.
En una cámara frigorífica en la que cuelgan decenas de cuerpos de animales sacrificados, se observa al cantante vestido totalmente de negro, simbología del luto. Con un aura consejera y en forma de dictamen, pronuncia sus versos, mientras en el fondo se muestra la realidad final que envuelve a todos los seres vivos, la muerte.
Mientras tanto, el caballo trota libre, con un aspecto viril y el viento rozando su pelaje, tal como anuncia la canción, una especie única, un caballo de exhibición. Un fallo hace que caiga desplomado sobre la tierra, tal vez por los años que le hacen justicia, o quizá por el exceso de confianza en su trote.
Automáticamente, un Israel Rojas ensangrentado, gancho en mano, encaja el instrumento sobre el cadáver colgante ya procesado del animal, y se aleja arrastrándolo hasta donde se encuentra el hacha lista para despedazar sus restos, que terminarán como dicta la letra, en algún restaurante de carretera, demostrando que, al final del camino, no somos «más que un pedazo de carne».











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Sinesio dijo:
1
13 de junio de 2024
16:33:28
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