Hace 275 años nació en la pequeña localidad de Fuendetodos, perteneciente a Zaragoza, en Aragón, Francisco de Goya y Lucientes, y para homenajearlo sus autoridades han decretado festejos hasta el 2022.
Obras de Goya, uno de los artistas españoles más universales, se encuentran en toda la península y en especial en el fenomenal Museo del Prado de Madrid, allí están sus grabados, los Caprichos, los Desastres de la guerra, la Tauromaquia y los Disparate, y sus grandes pinturas, dígase la Familia de Carlos IV y las famosas majas, La maja vestida y La maja desnuda.

Pero en Madrid hay otro lugar especial de la ruta goyesca: la pequeña ermita de San Antonio de la Florida, junto al río Manzanares, de sobrio exterior. Lo sorprendente es su interior, con el grandioso conjunto de frescos que Goya pintó y en el cual, dicen los entendidos, se aprecia que el artista aragonés siempre tuvo presente que estaba decorando uno de los templos más populares de Madrid, famoso por su romería del 13 de junio.
La tradición cuenta que desde el siglo XVII «las modistillas madrileñas cada 13 de junio se acercaban a la ermita de San Antonio de la Florida y vertían en la pila de agua bendita que hay a la entrada trece alfileres, simulando las arras matrimoniales, para pedir al santo novio para casarse».
Resultó una casualidad inusitada ir a ver los frescos de Goya precisamente aquel día de romería, cuando la población se vierte a los festejos callejeros, y grupos de muchachas visten de épocas pasadas, tal vez aún pidiendo novio a San Antonio.
La romería por el Paseo de la Florida termina en el templo y en aquella ocasión que describo la suerte nos acompañó con una coral en la propia ermita, la original, hoy museo, pues para el culto se construyó otra justo al lado que, aseguran, es idéntica.
En la cúpula y las bóvedas Goya pintó los frescos sobre Los Milagros de San Antonio y, apoyados en una barandilla ficticia que recorre la base, añadió al pueblo de Madrid, majas, caballeros embozados, toreros (en su biografía Goya, Lion Feuchtwanger asegura que rostros de aristócratas).
En esta ermita también se halla la tumba del pintor (Fuendetodos 30 de marzo, 1746- Burdeos16 de abril, 1828). Goya se había exiliado en la ciudad francesa y al morir fue enterrado en su cementerio, en una tumba donde yacía su amigo Martín Miguel de Goicoechea.
Al abrirse la tumba en 1899 faltaba la calavera de uno de los cadáveres por lo cual al decidirse el traslado a España fueron regresados ambos y evitar así una confusión, aun cuando se considera que es el cráneo de Goya el que falta. La teoría más seguida es que le cortaron la cabeza para realizar un estudio frenológico.
Los restos fueron transportados en 1919 y finalmente descansan en la ermita de San Antonio, donde el pintor había realizado los magníficos frescos. La lápida de la tumba, traída desde Francia, se ubica justamente debajo de la gran cúpula.

Al terminar el recorrido y salir del edificio, justo enfrente la vista tropieza con una inmensa estatua en bronce de Goya, sentado, con una paleta y unos pinceles en su mano izquierda.
Una visita a la ermita de San Antonio de la Florida, junto a la ribera del Manzanares, es impostergable. Los frescos que Francisco de Goya y Lucientes pintó entre agosto y diciembre de 1798 son una sublime obra de arte. No son necesarias fechas específicas para festejar a este otro genial sordo, pero si es el aniversario 275 de su nacimiento uno advierte una suerte de obligación.











COMENTAR
Jorge Luis Guerra Rodríguez dijo:
1
5 de abril de 2021
13:16:49
Responder comentario