SANTO DOMINGO.–La lluvia caía a cántaros, densa y pesada, encharcando la pista del Estadio Olímpico Félix Sánchez aquí en la capital dominicana. En cualquier otro lugar del mundo la gente habría corrido a buscar refugio. Aquí no. En las tribunas, más de 30 000 almas, caladas hasta los huesos, saltaban y coreaban un solo nombre como si la tormenta fuera un efecto secundario de la fiesta.
Entonces sonó el disparo. Y lo que vino después fue una estampida de luz sobre el agua en estos Juegos Centroamericanos.
Marileidy Paulino, la gacela de Don Gregorio, la mujer que paralizó París hace apenas unos meses, devoró los 400 metros como si las gotas no la tocaran. A su lado, la cubana Roxana Gómez apretaba los dientes, braceando en medio del aguacero para cruzar la meta en unos fabulosos 49.99 segundos. Pero adelante, sola contra el reloj y contra la tempestad, Marileidy detuvo el cronómetro en 48.94.
Nuevo récord de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. El estadio estalló en un alarido que tapó el ruido del trueno.
Segundos después de cruzar la meta, con la bandera tricolor sobre sus hombros y el agua goteando sin cesar desde su frente, logramos interceptar a la reina de las pistas. Fueron apenas 60 segundos. Un minuto fugaz en la zona mixta, donde solo quedamos quienes desafiamos la lluvia al parejo de la campeona.
–Una carrera que todos esperaban, Marileidy, y cumpliste con creces ante tu gente...
Paulino sonrió. No había rastro de cansancio extremo en su rostro, solo la euforia transparente de quien corre abrazada por el amor de su patria.
«Estoy muy emocionada de poder correr ante el pueblo dominicano», soltó de golpe, con la voz entrecortada por la adrenalina. «De verdad, se lo merecen todo y esta carrera fue totalmente para ellos».
–Roxana vino desde Cuba y juntas dieron un espectáculo enorme. ¿Cómo es esa rivalidad entre ustedes?
«Roxana es mi compañera, una gran atleta. Trato siempre de ayudarla para que pueda hacer sus mejores marcas. Gracias a Dios hemos estado juntas siempre en la Liga de Diamante y seguiré apoyándola en todo lo que pueda, tanto a ella como al resto de mis compañeras. En la pista somos rivales, pero afuera somos hermanas del deporte».
Dentro del estadio, la masa humana continuaba vitoreándola bajo el agua que no daba tregua. La estampa de miles de dominicanos empapados, aplaudiendo de pie en la oscuridad, erizaba la piel.
–¿Qué palabras tienes para este público que se quedó mojándose hasta el final para verte volar?
«A ellos solo puedo decirles gracias», respondió Marileidy, mirando hacia las gradas iluminadas. «Gracias, porque la lluvia no los paró. Creo que correr así, con esta agua y con esa energía de la gente, provoca las mejores emociones que un atleta puede sentir sobre una pista».
El tiempo de la entrevista se agotaba, pero antes de marchar le preguntamos por lo que viene en su calendario mundial y por ese lazo indisoluble que la une a la Mayor de las Antillas a través de su preparador, el técnico cubano Yaseen Pérez.
–¿Qué sigue ahora para Marileidy Paulino?
–Seguimos enfocadas. Viene la Liga de Diamante, el Mundial de Atletismo y continuaremos mejorando el tiempo con Dios mediante.
–Un mensaje final para el pueblo cubano que también te admira y te sigue mucho...
–Le diría muchas gracias al pueblo de Cuba por tanto cariño. Mi entrenador es cubano, de verdad que hacia Cuba tengo un profundo respeto y una gran admiración.
Fue corriendo al podio bajo el agua que no cesaba. Atrás quedaban 60 segundos de entrevista, un récord destrozado en 48.94 segundos y la certeza de que algunos atletas no solo corren sobre la pista; son leyendas capaces de iluminar la noche más oscura y convertir una tormenta en un momento histórico que resume la gloria deportiva.




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