Un sentimiento mayor nos asalta frente a la instalación realizada por el artista de la plástica Sándor González. Se trata del mapa de Cuba, confeccionado a partir de la utilización de miles de fósforos, un espejo y pintura de acrílico, que bajo el nombre de Si te metes con uno…, representa una sutil parábola cuya simbología entendemos muy bien los que aquí vivimos.
A quienes lamentablemente conciben a los intelectuales y artistas como figuras ajenas a la dinámica cotidiana de la sociedad, sería preciso reiterarles que estos constituyen parte integral de una nación donde nos hemos educado bajo el principio de que en la unidad está basada la garantía de nuestra supervivencia.
Por lo tanto, cualquier momento –lo mismo si se les ataca, que si alguno de los nuestros elige ponerse precio y traicionar a un pueblo que los ha aplaudido– es oportuno para advertir que, a la menor ofensa o amenaza contra la integridad física y espiritual de los exponentes del universo cubano, lo único que se consigue es acrecentar todavía más el orgullo y la admiración por Cuba, actitud que, obviamente, implica la legítima defensa de la Patria.
Por eso, valdría la pena entender que, en la Isla, tal como alerta esta acción plástica, con solo encenderse uno de estos fósforos, inmediatamente veremos arder el resto de ellos, atizados por el compromiso de un fuego solidario.











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