ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El mundo moderno debería ser compatible con la preservación del planeta. Foto: Pnuma

Empresas de diverso calibre extraen en conjunto alrededor de 50 000 millones de toneladas anuales de arena y grava para  fines constructivos e industriales, dando cuenta de una práctica insostenible desde cualquier punto de vista.

Con la sustracción anual, podría construirse un muro de 27 metros de ancho y 27 metros de alto alrededor de toda la línea ecuatorial del globo terráqueo, explicó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), al evaluar el desastre en curso.

Según recordó, la arena actúa como filtro natural del agua, protege las costas de la erosión, previene la salinización de los acuíferos costeros y proporciona hábitats cruciales para peces, plantas, tortugas, aves, cangrejos y otras especies de la flora y la fauna.

Aunque constituye un recurso finito, lo más probable es que su explotación crezca en los próximos años, a medida que los países inviertan en adaptación climática, expansión urbana e infraestructura, incluidas las obras para el uso de las energías renovables.

Playas artificiales, rascacielos, puertos y barreras contra inundaciones requieren enormes cantidades de arena y grava; pero su extracción desmedida de ríos, deltas y espacios costeros atenta contra  los ecosistemas que protegen a las comunidades frente a las tormentas, la erosión y la intrusión salina, razonan los expertos.

«Ese es el dilema. Queremos la arena viva y muerta», señaló un  directivo del Pnuma, Pascal Peduzzi, durante la presentación en Ginebra, Suiza, del informe Arena y sostenibilidad: un recurso esencial para la naturaleza y el desarrollo, en mayo de 2026.

Las dimensiones del conflicto resultan alarmantes: a la altura de 2020, la magnitud física del entorno construido ya había superado la masa de toda la biomasa viva de la Tierra. Casi el 90 % de esa antropomasa está compuesta de arena y grava, utilizadas directamente para cimientos y carreteras, o indirectamente a través de hormigón, asfalto y vidrio, corroboró el análisis.

En un anterior examen –Arena y sostenibilidad: 10 recomendaciones estratégicas para evitar una crisis–, el ente de las Naciones Unidas abogó en 2022 por una norma internacional sobre cómo se extrae la arena de los mares.

Esto, valoró, podría suponer mejoras sensibles, pues la mayor parte del dragado marino se realiza mediante concursos públicos abiertos a compañías internacionales.

Para procurar un desarrollo sostenible en la Tierra, «tenemos que cambiar drásticamente nuestra forma de producir, construir y consumir productos, infraestructuras y servicios», señaló entonces Peduzzi.

«Si conseguimos controlar la forma de gestionar el material sólido más extraído del mundo, podremos evitar una crisis y avanzar hacia una economía circular», enfatizó.

Para los responsables políticos, el reto es claro: integrar la gestión sostenible de la arena en las agendas nacionales y regionales más amplias de medio ambiente y desarrollo; fortalecer los marcos de gobernanza, promover la innovación en la eficiencia de los materiales y los enfoques de economía circular, indicó el reporte de 2026.

Pese a los daños documentados, las prácticas sobre el terreno apenas han cambiado. De acuerdo con el Pnuma, «la demanda sigue en aumento, la gobernanza permanece fragmentada y la extracción suele estar impulsada por una lógica cortoplacista, con actores que buscan beneficios económicos inmediatos mientras se acumulan los costos ambientales, sociales y económicos a largo plazo».

Los desafíos están por doquier. Por ejemplo, en el ámbito industrial, la extracción –asociada a grandes proyectos– suele estar liderada por corporaciones multinacionales y su financiamiento proviene de complejos acuerdos transnacionales, con limitada supervisión y escasos mecanismos de rendición de cuentas.

En el plano local, la extracción artesanal y a pequeña escala  sigue estando muy dispersa y, en gran medida, informal; ello proporciona importantes oportunidades de ingresos, pero al margen de marcos regulatorios y de monitoreo ambiental eficaces.

«La crisis de la arena ya no es hipotética», asegura el Pnuma. A escala global, la escasez está paralizando importantes proyectos de infraestructura, y la demanda del surtido, solo en el sector de la construcción, podría subir un 45 % para 2060.

A diferencia de muchos desafíos ambientales, en los que la demora en la acción ha generado costos crecientes e irreversibles, aún existe la oportunidad de una intervención oportuna y coordinada, estima el organismo de las Naciones Unidas.

La gestión de los recursos naturales, enfatizó, es, «en última instancia, una decisión de desarrollo. La cuestión no es si se utilizará arena, sino cómo, cuánta, dónde y a qué costo para la naturaleza y la sociedad».

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