ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El director suizo Lars Mlekusch, el saxofonista César López y el maestro Rodrigo Vila. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Pocas veces se habían escuchado con tal profusión los saxofones en un programa sinfónico como el que tuvo lugar por estos días en la sala Covarrubias: cuatro obras –tres con orquesta y otra de cámara–, interpretadas por artistas de Italia, España, Argentina y Cuba, confirmaron la impronta actual del instrumento inventado por el belga Adolphe Sax en 1840 en la música de concierto.

En el centro de la convocatoria estuvo César Alejandro López, destacado no solo por su trayectoria en el jazz desde los días de Irakere hasta los de su banda Habana Ensemble, sino también por su entrega a la pedagogía, la composición y la promoción de los nuevos talentos.

El italiano David Brutti abrió la tanda con la Fantasía para saxofón soprano, cuerdas y trompas, del brasileño Heitor Villa-Lobos, que este escribió para el francés Marcel  Mule en 1948, quien nunca la estrenó.

De reconocido magisterio e impresionante carrera internacional, Brutti puso de relieve la brillantez y la coherencia de una partitura que alterna pasajes  animados y líricos, lánguidos y rítmicamente acentuados como los del tercer movimiento.

El crecimiento artístico del santiaguero Jorge Julio González Mustelier, egresado del  Instituto Superior de Arte y con estudios de perfeccionamiento en Conservatorio de Islas Baleares, se hizo evidente en el Concierto (1949), del francés Henri Tomasi, este sí estrenado por Mule un año después. El autor confesó que al construir los temas «quise utilizar todas las posibilidades del saxofón alto mientras confié a la orquesta un papel igualmente importante».

A la fiesta del instrumento acudieron también los integrantes del cuarteto argentino-español Psaiko –Martín Castro (soprano), Borja Beneyto  (alto), Juan Alonso (tenor) y Franco Sánchez (barítono)–, formados por Brutti y otros prestigiosos profesores como Rodrigo Vila (del que hablaremos más adelante) y Beatriz Tirado.

Han ganado en los últimos años cuanto concurso se les ha puesto a tiro.

Vinieron para dar a conocer el Concierto a cuatro, del español Cristóbal Halffter, pero por falta de tiempo no pudieron montarlo con la orquesta. Por tanto se presentaron solos y mucho se agradeció, pues el público apreció su excepcional empatía camerística y el dominio de las más arduas exigencias en una obra divertida,  con múltiples e incitantes efectos, Der blutige Schaffner, del joven compositor alemán Robin Hoffmann.

César Alejandro sumó al profesor gallego Rodrigo Vila –de sonido pulcro y ajustado– a la ejecución de su Concierto cubano para dos saxofones, monumento a los pilares musicales de nuestra identidad cultural y portadora de materiales temáticos que no se olvidan. Como tampoco el auditorio podrá olvidar la sensacional cadencia de César antes de la coda y la pieza propia que luego regaló al público junto al cuarteto visitante.

Por si fuera poco, al podio de la Orquesta Sinfónica Nacional subió un director diestro en los manejos del saxofón, el suizo Lars Mlekusch, con exitosos desempeños pedagógicos en Viena y Zurich.  Inició el programa con La mer, de Debussy, en una versión plausible aunque con ciertos vacíos interpretativos y algún que otro pitazo de más. La labor de Mlekusch en las obras para saxofón y orquesta fue encomiable incluso hasta en la comprensión de los ritmos cubanos.

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