ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Prensa Latina

Si bien las primeras nubes de polvo del Sahara pueden llegar a Cuba en mayo, incluso antes, los picos de máximo de frecuencia de días bajo esa condición ocurren en los meses de junio y julio, extendiéndose en ocasiones hasta la primera quincena de agosto.

El doctor en Ciencias Físicas Eugenio Mojena López, asesor del Instituto de Meteorología e iniciador de las investigaciones sobre el tema en nuestro país, precisó a Granma que esas nubes son generadas por las tormentas de arena y polvo del desierto del Sahara y la región del Sahel, en África.

«Suelen alcanzar alturas de tres a siete kilómetros.  Una vez emergidas del continente africano, avanzan en dirección oeste y suroeste, impulsadas por el flujo de los vientos alisios. Así, se propagan por el océano Atlántico, hasta alcanzar el mar Caribe y cubrir a las Antillas Mayores. Pueden alcanzar, también, a la península de Yucatán y otras partes de México, el resto de Centroamérica, sudeste de los Estados Unidos y la península de la Florida».

Como plantea el profesor Mojena López, en su mayoría vienen cargadas de material particulado pm10 y pm2,5, altamente nocivos para la salud, además de contener minerales como hierro, calcio, fósforo, silicio y mercurio, junto a virus, bacterias, hongos, ácaros, estafilococos y otros compuestos.

En altas concentraciones, recalcó, la presencia de nubes de polvo disminuye la calidad del aire y puede incentivar los cuadros de alergia, sobre todo irritación de la piel, los ojos y las mucosas, en personas sensibles, como niños y adultos mayores.

«Igualmente, en los individuos con enfermedades respiratorias crónicas, en particular asma bronquial y enfisema pulmonar, muchas veces acentúan los efectos de esas dolencias, de ahí la conveniencia de que quienes las padezcan, eviten exponerse a ese ambiente enrarecido.

«Los conocimientos científicos corroboran que el Polvo del Sahara influye en el declive de las poblaciones de arrecifes coralinos, pues propician que esos ecosistemas puedan ser atacados por un hongo endémico de África, transportado por esas nubes. Asimismo, causan perjuicios a la agricultura y a la biodiversidad.

Según lo planteado por el experto, en los días que estamos bajo la influencia del polvo sahariano, el cielo adquiere una tonalidad blanquecina o lechosa, es decir, pierde su habitual color azul intenso, y aparece una densa bruma que limita la visibilidad a larga distancia.

Consultado sobre el probable tiempo de existencia de las nubes de Polvo del Sahara, indicó que, aunque con el desarrollo de la tecnología satelital comenzaron a detectarse en la década de los 60, los estudios internacionales sugieren su presencia desde hace miles de años.

En la actualidad, las imágenes satelitales permiten observarlas a partir de su formación y darles seguimiento a lo largo de todo su recorrido, aseveró el doctor Eugenio Mojena.

Hoy hay consenso en la comunidad científica vinculada a su estudio de que estas nubes actúan como un muro de contención para el surgimiento e intensificación de los ciclones tropicales, al crearles un ambiente sumamente hostil, caracterizado por el aporte de aire muy caliente y seco, con valores mínimos de humedad relativa.

De igual modo, incrementan la llamada cizalladura vertical del viento en las altas capas de la atmósfera, lo cual impide a los organismos ciclónicos concentrar la energía requerida para su formación y gradual fortalecimiento.

Acentúan, además, la sensación de calor intenso y disminuyen la probabilidad de lluvias en las áreas bajo su influencia. Sin embargo, tienden a favorecer el aumento de la actividad eléctrica cuando ocurren las típicas tormentas de verano».

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