ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
João Pedro Stédile es uno de los líderes del mst de Brasil. Foto: Dunia Álvarez Palacios

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil es una de las organizaciones sociales más grandes –casi dos millones de miembros– y coordinadas de América Latina. Nació en 1984, aún en una dictadura militar, heredando un importante acumulado de luchas por el derecho a la tierra y la reforma agraria.

Granma tuvo la oportunidad de dialogar brevemente con uno de sus fundadores y actual miembro de su dirección nacional, João Pedro Stédile, sobre Cuba, Fidel… y la relación de estos con la lucha de los «sin tierra» brasileños.

Economista de formación, Stédile resulta una de las voces más conocidas y potentes no solo del MST, sino del campo de los movimientos sociales en la región; sin embargo, cuando triunfa la Revolución Cubana apenas tenía siete años.

–¿Cómo los niños y jóvenes de los años 60 recepcionaban el nombre de Fidel? ¿Qué significaba él en ese momento en América Latina y, particularmente, en Brasil?

–Fidel y la Revolución Cubana causaron un gran impacto en Brasil, en el pueblo brasileño y en nuestras organizaciones. Yo era adolescente, joven. Pero en aquel entonces, que era la década del 60, coincidió con que nosotros también estábamos en un ascenso del movimiento de masas. Había muchas movilizaciones, mucha lucha.

«Y ¿qué alimentaba ese ascenso? La Revolución Cubana. Todos los movimientos y organizaciones la miraban. Nosotros en el campo tuvimos una gran organización que se llamó Ligas Campesinas. Actuaba más en el noreste. Y pronto Fidel se juntó por amistad con el líder de estas, Francisco Julião, y su compañera que era más revolucionaria aún, Alexina Crespo, que por cierto también estaría cumpliendo cien años ahora.

«Desde esos momentos, Fidel invitó a campesinos de las ligas campesinas para conocer Cuba, conocer la reforma agraria. Eso fue en el 61, 62, etcétera. Esos hechos generaron una amistad, una admiración de los pueblos. En aquella época, a pesar de las dificultades de comunicación, la gente acompañó lo que pasaba en Cuba y la admiraba.

«Teníamos entonces un gobierno popular, el de João Goulart, que se manifestaba solidario con Cuba. Hay investigadores que sostienen que una de las cosas que aceleró el golpe militar en Brasil contra su proyecto fue el anuncio de una ley de reforma agraria y su acercamiento a Cuba.

«Fue una forma de frenar que la Revolución Cubana tuviera más influencia en América del Sur y sobre todo en Brasil, que es, hasta hoy, el mayor país del continente».

–¿Cómo fue la relación de Fidel directamente con el MST?

–Yo creo que nosotros nos inspiramos en la Revolución Cubana. No solo por la victoria. Pero aquí aprendimos una síntesis de los principios organizativos que una organización de masas tiene que cumplir.

«Fue un privilegio que, en aquellos primeros años, cuando todavía estábamos organizando todo el proceso, recibiéramos la invitación para enviar militantes y dirigentes a estudiar aquí. La primera generación de líderes del MST estudió acá en escuelas como la Ñico López o la de la ANAP. Eso permitió que los compas asimilasen valores clásicos que ayudan a organizar a la gente.

«Paso siguiente: a medida que fuimos organizando y conquistando más tierras, también tratamos de organizar nuestras escuelas. Y ya fue una etapa superior. Además de la formación de nuestros militantes, Cuba nos facilitó y adaptó el método de enseñanza Yo sí puedo, que antes solo se brindaba a gobiernos. Entonces Fidel fue revolucionario hasta en eso».

–En medio de un contexto tan difícil para las izquierdas y los movimientos populares, con fuerzas tan poderosas y peligrosas en contra, ¿los «pequeños», los de abajo, seguimos teniendo derecho a soñar con la victoria?

–Sin dudas. Y debemos tener en cuenta las muchas posibilidades que siempre se abren. Tenemos que actualizar, por ejemplo, nuestros programas para la defensa de la naturaleza, para la soberanía alimentaria, para tener comida saludable para todos...

«Y claro, el socialismo es un largo camino con dificultades, barreras, pero siempre tenemos que perseguir el ideal, que es construir una sociedad igualitaria, donde todos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Y eso no es fácil».

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