ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
A inicios del presente año, se afilió a la Asociación Hermanos Saíz, a la cual siempre estará agradecida por el impulso que le dio a su carrera. Foto: Cortesía de la entrevistada

Para Tania Amaya, el interés por la música surgió bien temprano. Desde niña, cantaba en la Casa de Cultura, en la iglesia, en el baño... era su pasatiempo, su momento feliz. Disfrutaba ver el rostro de las personas que la escuchaban, las sonrisas, las miradas atentas. Cantar se convirtió en su forma de expresarse, de comunicar su mundo interior.

En la secundaria descubrió el placer de componer, de inventarse melodías para musicalizar los poemas que estudiaba en clase junto a una amiga. Luego escribió sus propias letras, sus propias historias, que después contaba con una voz que cada vez sentía más suya.

Lo que al principio fue un juego, devino necesidad, alimento para el alma; y, sin darse cuenta, nació la artista. De repente se vio asistiendo a clases de flauta, estudiando música y buscando la nota correcta. Hasta que el pasatiempo se convirtió en sueño y a partir de ahí no hubo vuelta atrás.

En 2024 fue nominada por primera vez al Festival Cuerda Viva en la categoría Pop. Por aquellos años formaba parte del dúo Flava Mix. Nunca olvidará que la noticia le llegó un 14 de febrero, minutos antes de subir al altar. Aquel día fue feliz por partida doble. Semanas después, cantaría en televisión nacional.

A inicios del presente año, se afilió a la Asociación Hermanos Saíz, a la cual siempre estará agradecida por el impulso que le dio a su carrera. Gracias a su gestión pudo pararse en múltiples escenarios, cantar fuera de Matanzas, que su música llegara a más personas y ver de nuevo las sonrisas, las miradas, sentir que estaba en el camino correcto. 

Ahora en 2026 regresó al Festival, pero como solista, con dos nominaciones: artista nobel y mejor canción Pop-Rock. Su tema Reina de pie le valió el primer premio en la segunda nominación, una letra que cuenta cómo una mujer debe superar todos los obstáculos que se le presentan para perseguir su sueños, una especie de crónica personal sobre cuánto ha tenido que luchar, sobre todo contra sí misma, para no rendirse y continuar.

Tania Amaya es una mujer sencilla, que no da pie con bola en la cocina y a la que le gustaría darle algún sentido performático o estético a siempre llevar el pelo suelto, pero es que simplemente le gusta.

Cuando artistas así, que partieron desde el escalón más bajo y que por demás cargan con el peso del fatalismo geográfico, logran cumplir sus sueños, nuestra cultura se anota un punto a favor.

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