En días pasados, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, detuvo en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles al músico cubano Andy García, y días después realizó un operativo similar en el Aeropuerto Internacional de Miami para apresar a otro artista de nuestro país, Degnis Bofill. Ambos se encontraban residiendo en Estados Unidos, con sus familias, y con toda la documentación en regla, a la espera de la culminación de los trámites correspondientes en cada caso.
Andy tiene 30 años de edad y es uno de los más importantes pianistas de su generación, y ha sido reconocido por otros extraordinarios músicos cubanos como Chucho Valdés y otras destacadas figuras del ámbito internacional con los cuales ha colaborado en su joven carrera profesional, además de ser parte del proyecto García Brothers, junto a su hermano Yandy García, también músico.
Por su parte Degnis, próximo a cumplir 39 años el venidero mes de septiembre, es un aclamado percusionista con una trayectoria impecable que lo ha convertido en una revelación para el gremio, por su seriedad y profesionalismo. Ha participado además en incontables grabaciones y discos entre los cuales se destaca Ancestros Sinfónico, de la banda Síntesis, ganador de un Grammy Latino en 2022.
Pero hoy están detenidos injustamente por algo diabólico y monstruoso que ha impulsado el gobierno de Trump, validado abiertamente por un hijo de inmigrantes cubanos, Marco Rubio, quienes son los principales artífices de otorgarle poderes casi ilimitados y sin control al ICE, al que le han impregnado una ideología antiinmigrante como pocas veces había sucedido en Estados Unidos.
Ya una buena parte de la sociedad civil y organizaciones de derechos humanos estadounidenses han denunciado violaciones de diversa índole –los casos de Degnis y Andy son muestra de ello, junto a cientos de detenciones aparatosas y arbitrarias–, algunas provocando la muerte de personas inocentes.
De forma sorprendente y hasta supuestamente contradictoria, podría catalogarse la reacción del gremio de músicos cubanos en ese país, el cual no ha criticado al ICE ni ha arremetido contra sus prácticas fascistas ni tampoco contra las detenciones ilegales de estos dos músicos nuestros.
El gremio se ha limitado a pedir oraciones y esperanzas para los muchachos, pero no pasa de ahí si hablamos en términos de denuncia. A su favor, eso sí, ha de decirse que muchos han respaldado una campaña lanzada por el hermano de Andy que, desesperado, ha instado a recaudar fondos para así poder costear la defensa legal del pianista. Igual ha sucedido con la familia de Degnis, la cual ha tenido que acudir a esa práctica y recibir apoyo monetario para similares fines.
Pero el verdadero contraste es que ningún músico cubano en EE. UU. ha dicho palabra alguna sobre la arbitrariedad del ICE, ni por los operativos en que fueron capturados con pocos días de diferencia, ni tampoco sobre lo vulnerable del estatus de muchos connacionales en esas tierras, que supuestamente son de «libertad».
Lo que hoy hicieron con Degnis y Andy también puede suceder con otros, pero nadie ha denunciado absolutamente nada. Todos callan y bajan la cabeza.
El gremio en EE. UU. debería abandonar la cobardía en sus redes y publicar y denunciar las prácticas discriminatorias y sectarias de ICE, con el mismo valor y entusiasmo que los anima cuando sucede «algo» de este lado y responsabilizan al Gobierno cubano, «en defensa» de algún artista.
Sería valiente que los músicos en Miami emplazaran al ice para que liberara a estos dos artistas cubanos. Sí, que vayan al problema de fondo y no queden en las ramas ni en tibias declaraciones. En casi todos los perfiles –excepto en uno que sí lo fue– todos escriben como si Andy y Degnis hubieran sido detenidos por llevarse una luz roja. No es el caso, han sido arbitrariamente detenidos.
Como artistas que son, deberían tener en cuenta que la experiencia de ambos en injusta prisión, rodeados de desconocidos, pudiera traducirse en consecuencias irreversibles y nefastas, que ojalá no afecten ni obstruyan sus carreras musicales.
Caben varias interrogantes. ¿Acaso han responsabilizado al ice por los posibles daños sicológicos que pudieran experimentar nuestros músicos por su estancia en la cárcel? ¿Por qué no claman para ellos lo mismo que han pedido históricamente cuando la prisión es cubana y al detenido ni siquiera lo conocen?
¡Vaya silencio cobarde de tantos músicos en Miami!












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