ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Dunia Álvarez Palacios

Es muy querido el escritor, poeta, ensayista y traductor Virgilio López Lemus. En la primera jornada de la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, se le ha entregado el merecido Premio Nacional de Literatura 2025, que se le otorgó por unanimidad. La sala Nicolás Guillén está repleta. Los aplausos interrumpen espontáneamente cada aseveración que, en su honor, se escucha desde el escenario.

Tras leerse el acta, que lo reconoce como autor de una obra que ha alcanzado un alto grado de excelencia tanto en la lírica como en el ensayismo literario, llegan las palabras de elogio a cargo de Yoan Cartaya, subdirector de Letras Cubanas, quien avala su obra como un organismo vivo que respira la memoria insular. «Hoy la cultura cubana reconoce la coherencia de su trayectoria, la virtud de quien ha convertido la escritura en un acto de fe y de amor», expresa, y el público asiente. Es hoy su obra «un templo de culto al pensamiento crítico y un asedio contra las soledades».

De las manos de Fernando León Jacomino, viceministro de Cultura y Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, recibe Virgilio el Premio, y acto seguido, toma la palabra:

Dos patrias tengo yo: Cuba y la poesía, porque nacer aquí es una fiesta innombrable, dice Virgilio, y pronto se reconoce el guiño que hace el poeta en su discurso de agradecimiento a José Martí y a Lezama. No faltan en él las alusiones a sus padres, a la Revolución Cubana, que le dio «otro sentido a su vida», pues dentro de ella pudo encaminar «una vocación incontenible, la de leer y escribir, sin la que no tendría nada que hacer en este mundo». Entre otras alusiones, Virgilio habló de lealtades, en primer orden a su compañero el poeta Alberto Acosta-Pérez. Infaltables fueron en sus menciones –entre otros– autores como Samuel Feijóo, Cleva Solís, Rafaela Chacón Nardi, Rafael Alcides y Jesús Orta Ruiz; a sus primeros maestros, a sus más cercanos amigos.

«No hay mérito mayor que pasar por este mundo como una buena persona, tratando de ser útil y siéndolo», dijo con toda razón Virgilio hacia el final de su alocución, que cerró con un ¡Viva la poesía, compañera de vida!; ¡viva por siempre la poesía! Y fue la ovación.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.