ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Como una maestra en el delicado arte de construir personajes femeninos se calificó a Marilyn en el panel. Foto: Letras Cubanas

Trasciende por sus valores estéticos y porque rezuma humanidad, todo ello expuesto con sencillez. Así se refirió la escritora y editora Olga Marta Pérez al cuento Alguien tiene que llorar, de

Marilyn Bobes (La Habana, 1955), el cual da título al libro con el que ganara el Premio Casa de las Américas en 1995.

Pero esas cualidades bien podrían generalizarse a la obra toda de la poeta, narradora y periodista, a la que se le dedica –junto al investigador José Bell Lara– la 34 edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

En el coloquio en homenaje a Bobes, el cual tuvo lugar este martes en la sala Nicolás Guillén y que fue organizado por Ediciones Unión y Letras Cubanas, Olga Marta propuso interrogantes como ¿Nos reconocemos en sus historias?, ¿Es una voz cercana?, ¿Cuáles desafíos hallamos en esas historias?; para luego insistir en que personas de todas las edades pueden encontrarse en sus narraciones.

Asimismo, se refirió al proceso de enriquecimiento que su escritura ha experimentado a través del tiempo; «tiene un gran saco de donde sacar sus recursos», señaló; y a la trascendencia de la novela Fiebre de Invierno –también Premio Casa de las Américas, 2005– que, en su opinión, ofrece un panorama amplio de una época, y merece una pronta reedición en el país.

La escritora Laidi Fernández de Juan calificó como un acto justo que se le dedicase la Feria, y recordó los aportes de Marilyn a la visibilización de las narradoras cubanas, y de la literatura referente a la violencia de género.

«Es una maestra en el delicado arte de construir personajes femeninos», aseguró, antes de referirse a su libro Mujer perjura, «armado con maestría», y al que calificó de cuentinovela, o novela fragmentada.

Laidi también habló en el panel sobre el personaje de Iluminada Peña, sucesivamente retomado por Bobes, y a la escritura libre de prejuicios, que hace al fin intrascendente una de las preguntas que se han hecho muchas veces sus lectores: ¿hasta dónde están plasmadas las vivencias de la autora en sus historias?

La poeta Basilia Papastamatíu se refirió a la creación lírica de quien en 1979 obtuvo el Premio David de Poesía de la Uneac con el poemario La aguja en el pajar; y remarcó su pertenencia a una generación que marcó la salida de cierto empantanamiento del coloquialismo: eran poetas que buscaban romper, transformar, renovar; y lograron una convivencia amable y sin hostilidades con otros poetas.

Ella, refirió, logró mantener un estilo peculiar, usando todo lo que le sirviera a su discurso poético, con cierto eclecticismo; armonizó las formas clásicas con las más vanguardistas; y estableció «un efecto único y muy convincente como poeta».

Muchos escritores merecían que se les dedicase la Feria –dijo Marilyn al final del homenaje–, por eso agradezco el honor de que me hayan escogido.

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