ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
«Siempre busqué describir la libertad contra la opresión, los ofendidos frente a los opresores», decía Jorge Amado. Foto: Pedro Beruvides

No tenía 20 años cuando entregó al corpus de las letras brasileñas su primera novela, El país del carnaval. Detrás vendría Cacao, con una trama que captaba la vida inclemente de los empleados de una hacienda, una preocupación que asomará en otras de sus creaciones, que, desde entonces, no se detendrán. Hablamos del escritor Jorge Amado (Itabuna, 10 agosto de 1912–Salvador, 6 de agosto de 2001), figura cimera de la literatura de su país, y una de las más destacadas del continente.

Autor de obras como Jubiabá; Gabriela clavo y canela; Doña Flor y sus dos maridos; Teresa Batista cansada de guerra; Tieta de Agreste y El caballero de la esperanza. Vida de Luís Carlos Prestes, por solo citar algunas de las más conocidas, estuvo Jorge Amado identificado desde muy joven con los destinos de la izquierda, por lo que el militante comunista sufrió exilio. 

Una fecunda pluma que concibió casi 50 obras, y que estaría entre las más traducidas de la contemporaneidad, transitó con acierto las motivaciones locales para abordar las universales y se desplazó, cada vez con más tino, desde el realismo social hacia nuevos modos de escritura, que acuñaron su estilo. Varias de sus novelas llegaron a la gran pantalla, al seducir, con sus perfilados argumentos, a realizadores brasileños y extranjeros.

Ante estas personalidades, suele uno preguntarse cómo entendieron el arte de escribir.  En su caso, y tal como lo explicó en una entrevista, el secreto estaba –contando ya con la garantía de la vocación– en escribir todos los días, «desde el comienzo de la vida hasta la muerte», así como en la permanente ejecución de la lectura, fundamentalmente la de los grandes maestros de la literatura.

Le fueron esenciales –según expresó–, Rabelais, Cervantes, Mark Twain, Dickens y Gorki; y de Brasil, José de Alencar, Antonio Manuel de Almeida y Gregorio de Mattos, quien «con su poesía extraordinaria fue el primero que tocó a fondo la vida de Bahía».

Contó que, en una ocasión, alguien quiso agredirlo al decirle que él era el escritor de las prostitutas y de los vagabundos. «No fue ninguna agresión, fue un elogio. Siempre busqué describir la libertad contra la opresión, los ofendidos frente a los opresores. De ahí proviene la unidad en mi obra», dijo.

Amado resultó elegido miembro de la Asamblea Nacional Constituyente por el Partido Comunista Brasileño (PCB) en 1946. Mereció, entre muchos otros reconocimientos, el Premio Lenin de la Paz; la Orden Carlos Manuel de Céspedes en Cuba y el Premio Luís de Camões, el más importante reconocimiento a los autores que han enriquecido, con su obra, el patrimonio literario y cultural de la lengua portuguesa.

El Fondo Editorial de Casa de las Américas publicó, en 1975, su novela Gabriela clavo y canela, con prólogo de Adolfo Martí Fuentes, y en 2005, Doña Flor y sus dos maridos, con traducción de Lorenzo Varela y prólogo de Luíz Ricardo Leitão.

Jorge Amado fue amigo de Guillén, a quien consideró «el poeta más tremendo de las Antillas»; y también de Fidel. Del Jefe de la Revolución Cubana, dijo: «Porque él nació del pueblo y en medio del pueblo permanece, y por eso su grandeza es la del pueblo cubano. Todo lo que ha hecho, todas sus acciones, son la plasmación de las más altas aspiraciones de la patria de José Martí. La paz en la que yo creo no está ni estará divorciada de la justicia, de la libertad, de la esperanza de un mundo mejor y todo eso lo encarna Fidel».

Jorge Amado fue un brasileño universal. A 25 años de su fallecimiento, sigue siendo leído y recordado por sus lectores, y en especial por sus coterráneos, quienes saben cuánto quiso a su país, y con cuánta generosidad lo eternizó en sus letras. Con su ferviente palabra, denunció males, despertó conciencias y conmovió a sus semejantes. Quien así obra es, de por sí, perdurable.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.