ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de La Jiribilla

El aplauso sostenido tras la lectura de poemas propios a cargo de la poeta, ensayista y académica de número Nancy Morejón, fue la primera emoción visible, entre las muchas apreciadas durante el acto de celebración por el Centenario de la Academia Cubana de la Lengua, ACuL, que tuvo lugar este 19 de mayo, en el Aula Magna de la Universidad de San Gerónimo, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad.

En presencia de los embajadores Francisco Javier Hergueta Garnica, de España; Miguel Díaz Reynoso, de México, y Gonzalo Flavio Guillén Beker, de Perú (en Cuba), Jorge Fornet, director de la ACul, y miembros de la entidad, se desarrolló la conmemoración, a la que enviaron mensajes de felicitación, entre otras personalidades, Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española.

En palabras primiciales, la académica Lydia A. Castro recordó que «un día como hoy, la Real Academia Española sancionó formalmente la creación y composición de nuestra academia», cien años «en el empeño sin pausa de transitar un larguísimo, agreste y siempre creador camino de contribución a la identidad de la nación con el estudio y cuidado de la letra y el espíritu de la variedad cubana del español».   

Recordó con toda justicia «a los que plantaron la semilla», en referencia a los fundadores, tales como Fernando Ortiz, José María Chacón y Calvo y Enrique José Varona, entre otros, y destacó que «exaltar y dar fe de vida de lo mejor de nuestra cultura literaria e investigar desde la lingüística y la lexicografía nuestra lengua serán siempre las tareas de primer orden de nuestra corporación».

«Deseo otros cien años de vida y prosperidad a la institución», expresó en su alocución Hergueta Garnica, quien manifestó su gran satisfacción por presenciar este jubileo, y tras exhortar a seguir contribuyendo en la unidad del idioma, que es «nuestro hogar» y asegurar que en España se ha aprendido mucho de la ACul, recomendó también trabajar en los retos que tenemos.

Por su parte, Díaz Reynoso consideró un honor participar en la conmemoración y recordó, junto a otras hermosas anécdotas y alusiones a figuras descollantes de las letras españolas, momentos trascendentales que lo unieron a la Academia cubana, cuando presenció en la casona de 19 y E, en el Vedado, en la que vivía la poetisa Dulce María Loynaz, entonces directora de la institución, el ingreso a la Academia Cubana de la Lengua del doctor Eusebio Leal Spengler.

Como un verdadero encuentro con la Historia, se vivieron las palabras pronunciadas por Fornet, para dar cierre el acto. En su análisis, recordó que «cuatro siglos, treinta y tres años, seis meses y veintisiete días después de la entrada del nombre de Cuba en los registros de la lengua que entonces solo podía llamarse castellana, ocurrió el hecho que nos reúne hoy: el 19 de mayo de 1926, la Real Academia Española oficializó la fundación y composición de la Academia Cubana de la Lengua.

«Tal reconocimiento fue relativamente tardío si se considera que en el siglo xix (específicamente entre 1871 y 1887) habían sido fundadas las academias de Colombia, Ecuador, México, El Salvador, Venezuela, Chile, Perú y Guatemala. Tuvieron que pasar casi cuatro décadas para que otros ocho países (Costa Rica, Filipinas, Panamá, Cuba, Paraguay, Bolivia, República Dominicana y Nicaragua) vieran nacer sus propias academias en los años que median entre 1923 y 1928. A partir de 1931 se incorporarían de forma más esporádica las restantes (Argentina, Uruguay, Honduras y Puerto Rico), hasta que en 1973 y 2013 se constituirían, respectivamente, las Academias Norteamericana y Ecuatoguineana de la Lengua Española».

 Más adelante refirió que «no sería sino hasta la noche del 2 de octubre del propio 1926, sin embargo, cuando se reunieron en la sede de la Academia de la Historia de Cuba, en lo que había sido el Palacio O’Farrill, y “con objeto de celebrar sesión para constituir la Academia Cubana [de la Lengua]”, algunos de sus dieciocho fundadores. (…) No es difícil imaginar lo ocurrido aquella noche. Habría en el ambiente, pese a la sobriedad del escenario y los escasos asistentes, el aire de entusiasmo de los momentos fundacionales».

En la ocasión –continúa Fornet–, Varona explicaba la importancia que tenía para la Isla la constitución de esta Academia, debido a la necesidad de velar por la conservación y pureza de nuestro idioma, que iba ya adquiriendo tendencias y fisonomías especiales. Y de esta forma iniciaba su rumbo la Academia Cubana de la Lengua.

Otro elemento apuntado por el orador, asegura que «en los cien años transcurridos desde los tiempos de Varona y Ortiz hasta hoy, la Academia ha reunido a parte de los más notables escritores y estudiosos de la lengua y la literatura, historiadores, docentes y, en general, reconocidas figuras del ámbito intelectual cubano», y remarcó como algo esencial para la vida académica, la entrada del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, a cuya gestión se debe la sede de la ACuL, en el propio edificio de Santo Domingo.

Imposible para Fornet, dejar de mencionar a Roberto Fernández Retamar, uno de los directores de la Academia Cubana de la Lengua, quien, en acto celebrado por el aniversario ochenta y cinco de la ACuL, aludió «a la reticencia de prestigiosas figuras a formar parte de las academias en general. Mencionaba, en el caso nuestro, a Cintio Vitier y Fina García Marruz, quienes nunca aceptaron la condición de académicos, y rememoraba que en una conversación con Antón Arrufat “nos preguntamos si José Lezama Lima y Virgilio Piñera hubieran ingresado en la Academia. Concluimos, creo recordar, que debíamos comportarnos como si lo hubieran hecho”. Me parece una sabia conclusión, así que propongo que nos comportemos como si Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Juan Marinello, Eliseo Diego, José Soler Puig y muchos otros hubieran sido miembros plenos de esta Academia, sin olvidar añadir como académicos correspondientes a tantos ilustres que terminaron sus vidas fuera de Cuba», aseveró.

Hacia sus últimas palabras, Fornet destacó que «ha coincidido la celebración de este centenario con circunstancias excepcionales. A nuestras consabidas estrecheces económicas se suma el asedio al país por parte de los «bárbaros fieros» a los que aludía Darío en su poema Los cisnes, de Cantos de vida y esperanza, el mismo en que –lo recordarán bien– se resistía a la idea de que tantos millones de hombres habláramos inglés. (…). Pero no tenemos previsto acogernos a esa reposada opción, ni nada impedirá que celebremos este centenario de manera digna».

Fornet se refirió al programa previsto para la celebración del centenario, que incluye, entre muchas otras propuestas, lecturas de poesía, debates sobre el arte de narrar, diálogos en torno a las relaciones entre historia, lengua y literatura, acercamientos a fundadores y otros académicos notables, paneles en torno a temas lingüísticos, y hasta discusiones sobre qué son y para qué sirven las academias, informó.

Todo ello forma parte del interés y del deber de la ACuL de tomar parte activa en la vida cultural del país, de no renunciar a ese espacio vital, indisoluble del sentido de nuestra existencia, aseveró.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.