Al abrirse el primer episodio de la serie española Arde Madrid, el personaje de Ana Mari (Inma Cuesta) sermonea a unas jovencitas casamenteras sobre las relaciones matrimoniales, en una clase de la Sección Femenina de la Falange, del dictador Franco, en palabras que destilan adoctrinamiento patriarcal y represión sexual.
Ya entonces inferimos que Arde Madrid no seguirá los pasos de Lo que escondían sus ojos, inocua miniserie ambientada también en una etapa franquista, de la cual se olvidaba del todo en su relato.
Si bien Paco León –en este, su primer trabajo como realizador en la teleficción– no hará un examen sociológico de la etapa, sí pondrá el acento en que, mientras la actriz estadounidense Ava Gardner experimentaba su francachela de alcohol y desordenada conducta sexual en Madrid, el resto de los mortales de España vivía sujeto a estrictos patrones de la más conservadora moralina.
Un mundo de represión de almas y deseos, encarcelamiento de sueños, muertes y fosas colectivas, poetas asesinados, odio a la diferencia, mujeres mancilladas y demeritadas: el mundo de Franco.
La rectísima y reprimida Ana Mari, coja de piernas y de ímpetus (o eso parece a priori) es ubicada por el servicio secreto, encarnado en la figura de la desopilante Carmen Machi, como doméstica en la casa madrileña del «animal más bello del mundo» (la Gardner), para que espíe sus presuntas conexiones con el comunismo mundial.
Manolo (Paco León), pícaro de la estirpe de aquellos que zarparon en Palos rumbo a las Américas, es el chofer de la Gardner y pasará, de mentirillas, por el esposo de Ana Mari, cual complemento del mencionado trabajo de «inteligencia» en una residencia española de la actriz gringa, quien vivió en Madrid entre 1955 y 1968.
En la rectísima mucama falangista Ana Mari van crepitando, progresivamente, dormidas pasiones interiores, que contribuirán a modificar su robótica actitud hacia el sexo masculino.
Activarán la maquinaria de ignición hormonal de su anatomía, tan contrahecha en un miembro inferior como bella en todo lo demás, los siguientes elementos: las erógenas vibras desparramadas sobre la mansión madrileña de la calle Doctor Arce, en la cual (según la serie y también otras fuentes) la insaciable Ava dormía una noche sí, y la otra también, con un torero o a un guitarrista flamenco.
Con ecos referenciales de la comedia italiana de los 60, el cine español del destape y las comedias de Lazaga y Ozores; con el uso de un blanco y negro que remite a los plúmbeos años 60 españoles (y además al vacío espiritual, tanto de los personajes criollos como de una Gardner presa de la más cruda soledad pese a su paradójico acompañamiento de siervos sexuales y amigos de juerga), los episodios creados por Anna R. Costa y Paco León dan cobija a detalles peculiares, que podrían parecer no formar parte de una comedia como esta. Un ejemplo: la sentida recepción de la diva y sus invitados al anuncio telefónico de la muerte de Hemingway.
Arde Madrid ilustra la dicotomía entre la caricaturesca y reprimida España monocolor maniatada bajo la larga capa de Franco, y la libertad total de ese icono liberal llamado Ava Gardner. Aunque este, de acuerdo con lo propuesto por la serie, a la larga también supondría otra caricatura: diferente es cierto –pero a la larga igual–, del libre albedrío y la capacidad de decisión.
Es que el de la actriz norteamericana en sus días ibéricos, seis décadas atrás, es el relato de alguien tan supuestamente libre que corrompió el concepto de libertad al encadenarlo a sexo acumulativo sin amor y a la eterna soledad casanovesca de ese al que siempre desearán, pero al que nunca amarán.
Por aquí se pellizca el pedazo de bienvenida ambigüedad de una serie que habla de las ambivalencias, falencias, potencialidades y virtudes de seres tan complejos como nosotros, los humanos.
Paco León confirma su vis cómica en la encarnación de su Manolo, y, fundamentalmente, su buena mano en tanto director distendido que pasara por la autoficción de los agradables trabajos sobre su progenitora Carmina, en la pantalla grande, antes de esta serie.
Tráiler de Arde Madrid:











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