ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Desde hace cien años reúne a los intelectuales más destacados por su contribución al fomento de la lengua.

Fundada el 19 de mayo de 1926, gracias a la gestión de intelectuales como Antonio Sánchez de Bustamante, Fernando Ortiz y Enrique José Varona, la Academia Cubana de la Lengua (ACuL) vela por la norma y el uso de la variante cubana del español.

Desde hace cien años reúne a los intelectuales más destacados por su contribución al fomento de la lengua. Fue el 2 de octubre de 1926, según consta en actas, cuando sus integrantes se reunieron por primera vez, en La Habana.

En los primeros estatutos oficiales quedaron definidos sus propósitos: «Será instituto y constante preocupación de la Academia velar por la pureza, propiedad y esplendor de la lengua castellana y enriquecer el diccionario etimológico, mostrando a la vez las alteraciones y transformaciones sucesivas que ha experimentado cada palabra, formar la lexicografía de voces cubanas, teniendo en cuenta la opinión pública, la autoridad de escritores antiguos y modernos que han cultivado estos estudios, y las indicaciones razonables de los profesores experimentados».

Había llegado «justo a tiempo», a decir del periodista y escritor camagüeyano Mariano Aramburo al periódico El País, pues era cada vez más preocupante la presencia de anglicismos en la variante cubana, consecuencia directa de la influencia norteamericana.

CONTRA VIENTO Y MAREA

No fue hasta el 23 de agosto de 1951 cuando la ACuL, por decreto No. 3788 del presidente Carlos Prío Socarrás, recibió el carácter oficial del Estado, estableciéndose como organismo consultivo al que se le fijó una asignación en los presupuestos nacionales.

Asimismo, se destacó cuán juicioso era «aprovechar la organización ya existente de la Academia Cubana de la Lengua, en la que figuran altos valores de la cultura cubana», para cumplir con la contemplación y el estudio del acervo filológico y literario del idioma nacional.

Uno de los avatares que ha marcado la vida de esta institución ha sido su carácter itinerante; es decir, la ausencia de una sede propia. En sus primeras décadas, los lugares en que funcionó la ACuL oscilaron entre la Academia de Historia, la Biblioteca Nacional, y el domicilio de Enrique José Varona, su primer director.

Los próximos 20 años de la Academia, desde la década del 50 hasta 1970, cuentan con la huella de otro de sus directores, José María Chacón y Calvo, a quien Cintio Vitier calificó como un cubano que puso «toda su esperanza en el fomento de los valores de la cultura nacional», y que asumió «esa esperanza como una misión incansable, vehementísima y aromada de esencias espirituales». Esa huella se advirtió, por ejemplo, en el aumento del número de miembros que ingresaron, la organización de sesiones públicas, y la profundización en el trabajo lingüístico.

Cabe destacar la difusión, desde 1952, del Boletín de la ACuL, la publicación periódica oficial de la institución. Durante su primera etapa de circulación (1952-1961), el Boletín se concibió como un espacio abierto y universal para plasmar discursos, estudios lingüísticos y literarios, reseñas de obras, noticias académicas y homenajes a figuras relevantes de la cultura cubana e hispanoamericana.

Aunque la periodicidad inicialmente prevista era trimestral, con el tiempo se redujo a ejemplares semestrales y luego anuales, pero siempre mantuvo un alto nivel académico y un firme vínculo con la Real Academia Española y las demás academias americanas de la lengua.

Fue Chacón y Calvo quien recibió a la primera mujer académica, Dulce María Loynaz, Premio Nacional de Literatura 1987 y Premio Miguel de Cervantes 1992. A su muerte, le sucedieron en la dirección Antonio Iraizoz (1971-1977), Ernesto Dihigo (1977-1983) y, finalmente, la propia Loynaz (1983-1995).

En este periodo la Academia continuó con su carácter itinerante hasta que Dulce María Loynaz la acogió desinteresadamente en su domicilio por casi tres décadas, sufragando los gastos de su propio bolsillo.

En los primeros años del siglo XXI, la Academia fortaleció su papel como institución en la vida cultural del país mediante una etapa de renovación a la que contribuyeron intelectuales como Lisandro Otero, desde cuya dirección se amplió la nómina de la institución.

Finalmente, en enero de 2010, la ACuL obtuvo su sede en un edificio de la calle Santo Domingo, en La Habana Vieja, y continúa creciendo como una institución cultural a la vanguardia.

Así lo prueban sus últimos proyectos, entre los que constan la propuesta de cien cubanismos para el Diccionario de la Lengua Española de 2026; el texto Discursos de ingreso a la Academia Cubana de la Lengua (1989-2024), y la entrada de nuevos miembros, como Rafael Acosta de Arriba, Zaida Capote Cruz y Félix Julio Alfonso López.


Fuentes:

Motola Pedroso, Patricia (2014). Apuntes para la historia de la Academia Cubana de la Lengua (Tesis de Maestría no publicada, Universidad de las Artes, La Habana).

Decreto No. 3788, Gaceta Oficial de la República, septiembre de 1951. Disponible para consulta en la Biblioteca Nacional de Cuba.

Carta de Dulce María Loynaz a Aldo Martínez Malo, 4 de junio de 1983, Cartas que no se extraviaron, Fundación Jorge Guillén y Centro Hermanos Loynaz, 1997.

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