ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El escritor Ronel González. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

El poemario Proceso (in)civilizatorio, del escritor holguinero Ronel González Sánchez, se alzó con el premio La Gaceta de Cuba, avalado por un jurado integrado por Norberto Codina, Pedro Peglez y Caridad Atencio, quienes evaluaron 65 obras.

A propósito del acontecimiento, el poeta –merecedor, entre otros reconocimientos, del Premio Nicolás Guillén 2025– accedió a compartir con Granma sus consideraciones en torno a la obra.

–¿Cómo definiría el resultado que representa el poemario Proceso (in)civilizatorio?

–Es un registro poético de la ruptura. No es solo un poemario, es una especie de contracrónica, un documento que registra cómo se desmorona aquello que llamamos civilización, pero desde la intimidad y la extrañeza de quien la vive por dentro.

–¿A qué motivo responde su título?

–El título pone precisamente en entredicho el concepto de civilización. Muestra cómo lo que llamamos progreso está lleno de crueldad e ironía, desde la historia hasta hoy. Convierte esos hechos duros en poesía humanista, acercando la literatura a la vida real, como quería Martí, y dialogando también con Lezama Lima. Es como un retrato al óleo de la verdad y del dolor del mundo.

«Es un guiño directo al libro de Darcy Ribeiro, El proceso civilizatorio. Él hablaba de cómo las sociedades se «civilizan»; yo quise voltear esa idea y mostrar el proceso inverso, el momento en que todo eso que llamamos civilización empieza a mostrar sus costuras rotas y su verdadera cara».

–¿Qué temas están presentes en él?

–Hay violencia estructural, desarraigo, el lenguaje como arma y como herida, la memoria que se fractura, y esa sensación constante de que algo se está descomponiendo sin que nadie se atreva a nombrarlo.

–¿En qué circunstancias nació?

–Comenzó a nacer en plena pandemia, cuando todo el mundo estaba encerrado y yo sentía que no solo se cerraban las ciudades, sino las posibilidades de seguir creyendo en el relato de progreso que teníamos o que nos vendieron los grandes centros de poder.

–¿Qué estado de ánimo te acompaña al recibir el premio?

–Una mezcla rara de alivio y desconfianza. Alivio porque alguien leyó y reconoció lo que intentaba decir. Desconfianza porque sé que un premio no cambia el mundo que el libro está denunciando. Es una alegría que viene con un peso.

«Experimento gratitud y vértigo. Cuando uno pasa tanto tiempo solo frente a la página, es extraño que de pronto algo tan íntimo salga al mundo y reciba reconocimiento. Me siento feliz, sobre todo por la poesía misma, porque significa que esas palabras encontraron un eco. Pero también con la responsabilidad de seguir escribiendo con la misma honestidad que me trajo hasta aquí. Es un impulso hermoso para seguir adelante en una batalla contra el humo y la niebla que rodean a las palabras».

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