Si hay hijos que esta Patria puede contemplar orgullosa son los combatientes del Ministerio del Interior.
Hombres y mujeres, formados en el sentido del deber, la entrega, la responsabilidad y el sacrifico, no han aceptado jamás la retaguardia si se trata de proteger los más preciado de nuestra sociedad: su pueblo.
Un pueblo del que también son parte, y junto al que construyen, desde la misión de la se saben artífices, este país de paz y de justicia.
Sirvan la admiración, el agradecimiento y el respeto ganados en estas más de seis décadas, como el mejor regalo que les hace Cuba toda. Esa Cuba, por cuyo sueño velan de forma incesante, desde el desvelo que no persigue protagonismo alguno, porque entiende de qué lado está el deber.




















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