ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Muchas galerías de arte y museos se precian de tener en sus colecciones cuadros y antigüedades de valor exorbitante. Tanto es así que la simple venta ilegal de una sola de esas obras bastaría para costear, sobradamente, los gastos de toda una vida. De ahí nace la ambición de algunos ladrones, que no solo buscan la adrenalina de poseer lo prohibido, sino la seguridad económica que representa un botín fácil de ocultar y de valor incalculable.

Ha sido noticia reciente un asalto nocturno en la Fundación Magnani Rocca, en Italia, donde tres cuadros de los impresionistas Paul Cézanne, Henri Matisse y Pierre-Auguste Renoir fueron sustraídos en apenas tres minutos. El episodio ocurrió el 22 de marzo, aunque no se informó a los medios hasta una semana después.

Este delito se produce menos de seis meses después de que una banda de ladrones irrumpiera en el Museo del Louvre, en París, y robara algunas joyas de la corona francesa a plena luz del día, en un asalto que duró menos de ocho minutos y dejó en jaque a uno de los museos más famosos del mundo.

Nada de aislados tienen estos sucesos. La historia del arte está salpicada de golpes audaces: algunos resueltos, otros aún sin esclarecer, que se han convertido en leyenda. Robos de película… pero demasiado reales.

LOS MÁS LEGENDARIOS 

La Mona Lisa es considerada la pintura más famosa del mundo. Foto: LeonardoDa Vince

El 21 de agosto de 1911, el robo de la Mona Lisa en el Louvre supuso un punto de inflexión. Vincenzo Peruggia, exempleado del museo y conocedor de sus precarias medidas de seguridad, llegó a la institución con su habitual bata de trabajo, bajo la que escondió el cuadro tras haberlo descolgado.

Increíblemente, la ausencia acrecentó la popularidad de la pintura: los visitantes acudieron como nunca al museo para apreciar el hueco dejado en la pared tras el hurto. La obra fue recuperada dos años después, tras la captura de Peruggia en Italia, quien intentó venderla al director de una galería en Florencia alegando que solo pretendía devolverla a su país de origen.

Obra El grito, de Edvard Munch. Foto: Edvard Munch

Cercana en popularidad se encuentra El grito (1893), una de las imágenes más reconocibles del expresionismo, pintada por el noruego Edvard Munch. Lo increíble es que esta obra ha sufrido no uno, sino dos robos. No se trata del mismo cuadro, pues existen cuatro versiones pintadas por el autor. El primer hurto ocurrió en 1994, durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Lillehammer, cuando un ladrón entró en la Galería Nacional de Oslo y lo sustrajo por una ventana en muy poco tiempo.

Le alcanzó el tiempo para dejar una nota a la policía: «Gracias por la falta de seguridad». Tres meses después, El grito fue recuperado. Pero una segunda versión, en 2004, fue sustraída a plena luz del día en el Museo Munch de Oslo, junto a una Madonna del mismo autor. Aunque se recuperaron en 2006, la institución reveló que los daños causados por la humedad ya eran irreversibles. Esperemos que las versiones restantes no corran la misma suerte.

El Políptico de Gante, de los hermanos Hubert y Jan van Eyck Foto: Wikipedia

La que quizá sea la pieza más robada de la historia es El Políptico de Gante, también conocido como La adoración del Cordero Místico, una obra monumental (3,5 metros de alto por 4,6 metros de ancho) creada por los hermanos Hubert y Jan van Eyck, completada en 1432. Las protestas para quemarlo en la catedral que lo resguardaba fue su primer infortunio, antes de convertirse en botín de guerra. En 1794 fue confiscado por las tropas de Napoleón, hasta su derrota, cuando fue devuelto a su lugar de origen.

La historia no quedó ahí: uno de los 12 paneles que lo conforman fue robado en 1934, y en su lugar hoy hay una réplica pintada por otro artista. La pieza gigantesca fue codiciada por las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, quienes la escondieron en una mina de sal de Austria, donde planeaban hacerla explotar. Pero el cuadro se recuperó gracias a una brigada de militares expertos en arte del bando aliado.

Compite con esta obra el Retrato de Jacob de Gheyn III, del irlandés Rembrandt, que obtuvo el calificativo de «Rembrandt para llevar» tras ser robado cuatro veces en medio siglo y encontrado en sitios tan insólitos como el maletero de un coche, la parte trasera de una bicicleta, y debajo de un banco en un cementerio.

¿Y EN CUBA?

En 1986, durante la II Bienal de La Habana, ocho obras fueron sustraídas en el Centro Wifredo Lam, pertenecientes al propio autor. Afortunadamente las piezas fueron recuperadas y los ladrones y cómplices –11 en total– fueron juzgados y sentenciados.

El 30 de noviembre de 1995, Martha Arjona, entonces presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, declaró a Granma la difícil situación que vivía el país en cuanto al tráfico ilegal de objetos de arte. Puso un ejemplo concreto: hacía poco, en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), había ocurrido un robo de alrededor de 40 obras. Durante esos años, según declaraciones a otros medios de Rafael Acosta de Arriba –presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba entre 1999 y 2005–, obras de Amelia Peláez, Cundo Bermúdez y Marcelo Pogolotti fueron también sustraídas, alcanzando precios en subastas de entre 120 000 y 160 000 dólares.

Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. Foto: Internet

El robo más grande ocurrido en la Isla aconteció en febrero de 2014, cuando se sustrajeron alrededor de 70 piezas del MNBA, valoradas en más de un millón de dólares. Las obras pertenecían, mayormente, a los fondos de Leopoldo Romañach, Armando García Menocal, Juan Gil García, Victor Manuel, Aurelio Melero Fernández de Castro, entre otros.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.