La noticia de la presencia en Cuba del reconocido cantautor brasileño Chico Buarque de Hollanda, para grabar junto a Silvio Rodríguez, ha iluminado como una mecha, in extremis, a los diferentes públicos que aún hoy se resisten a sucumbir ante el mal gusto que impera en gran parte de la industria musical.
Y no podía ser menos, pues estamos en presencia de dos de los más versátiles compositores de los dos siglos en los que hemos tenido la dicha de vivir; quienes, a pesar de vicisitudes y desafíos, son horcones referenciales de sus respectivas culturas.
Chico, poeta y músico, con su voz desgarrada ha sabido moldear un estilo sonoro que descoloca los moldes del movimiento musical transgresor iniciado en Brasil tempranamente. El texto, y obviamente lo poético, juegan en él un importantísimo rol, significando tal vez una corriente renovadora conformada por otros contemporáneos tales como Gilberto Gil, Milton Nascimento o Caetano Veloso.
Aunque los estilos de estos y de otros grandes de esa etapa fundacional de los años 60 no convergen tangencial ni ecuménicamente en un solo mensaje, sí es necesario destacar la riqueza autoral del movimiento, que tuvo roces y también notables diferencias, pero cuyas posturas estéticas, políticas y filosóficas tuvieron gran impacto en la música brasileña y latinoamericana.
Un asidero conceptual del que no escapó el cantautor en sus inicios fue João Gilberto, iconografía indispensable en aquellos años, cuya influencia marca la irrupción de la nueva generación de músicos a la que pertenece Buarque y que tal vez definió la manera de asumir sus canciones.
¿Cómo no entender el hondo compromiso de Cálice (lanzada en 1973 en coautoría con Gil) con los nuevos planteamientos estéticos de aquellos años? ¿Cómo desligarlo de las diferentes visiones de un Brasil en cambios sin acercarnos a Samba de Orly o Construçao, por ejemplo?
Porque eso ha significado Chico Buarque: un transgresor y un extraordinario visionario desde el cual han brotado canciones comprometidas, pero también profundamente hermosas y románticas, sin separar al hombre carnal de su alter ego espiritual. Es por ello que la amistad, la admiración y la alineación musical entre Chico y Silvio data de hace mucho tiempo, sabemos se conducen por caminos irremediablemente cercanos.
Esta colaboración entre ambos se vislumbra como un convite entre colosos, como el festín de un Dios en edad de jugar, como reza uno de los textos de Silvio, y del que saldrá una versión del tema Sueño con serpientes, del propio Rodríguez.
Ya en publicaciones en redes sociales se ha adelantado que el arreglo fue hecho por el talentoso Jorgito Aragón, y el ropaje sonoro estará conformado por Oliver Valdés (drums), Malva Rodríguez (piano), Jorge Reyes (contrabajo), Niurka González (flauta) y otros músicos, lo cual reafirma la apuesta de banda o proyecto que Silvio ha consolidado desde hace varios años, y que le ha permitido no solo versionar desde un lenguaje conocido sino también poder incorporar nuevos matices y experimentaciones, como ha sido tradicionalmente en su carrera.
Chico Buarque ha llegado también con donaciones de medicamentos a un país que lo ha llevado en su memoria afectiva durante más de 50 años; a una isla de resistencia y creatividad, donde viven, a su vez, muchos amigos queridos, quienes conforman, junto a él, una época de acercamiento y confraternidad musical desde la más auténtica canción.











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