Aunque no es la actual reina, la escuadra francesa sigue siendo la principal rival para cualquiera en este Mundial de Fútbol de 2026. Desde aquel 2018, cuando ganaron su segunda estrella, año tras año despliegan generaciones que conquistan las principales ligas del orbe.
Tras cortar en 2022 la mala suerte del campeón –siempre eliminado en la fase de grupos de la siguiente edición desde 2010–, los galos quieren aparecer nuevamente en el podio. De lograrlo, serían la segunda nación en conseguir al menos tres preseas consecutivas, luego de que entre 1982-1990 y 2002-2014 Alemania estuviera siempre entre las primeras.
Nómina tienen para ello. En la delantera, por ejemplo, cuentan con Kylian Mbappé, Bota de Oro del viejo continente y autor de 12 goles en Mundiales; Michael Olise, candidato al Más Valioso de la Bundesliga; Ousmane Dembelé, vigente Balón de Oro; más otros habilidosos como Rayan Cherki, Desiré Doué y Marcus Thuram.
Con todo su talento disperso pueden formar hasta tres conjuntos y seguir siendo candidatos para ganar. Tal es así que Didier Deschamps, seleccionador desde 2012, dejó fuera a figuras como Eduardo Camavinga, Kingsley Coman y Randal Kolo Muani.
A propósito de su director, anunció que luego del evento dejará su plaza vacante, tras 14 años de trabajo en los que volvió su país, poquito a poco, casi invencible. Según los medios, el sucesor será Zinedine Zidane; por lo que parece ser, Francia quedará en buenas manos.
Les Bleus integrarán el grupo i, a priori, de la muerte. La pelea por los dos cupos directos con Senegal y Noruega se vislumbra apasionante. Si bien uno puede acceder entre los mejores terceros, esto depende del azar. Iraq, por su parte, no contó con mucha suerte y cierra esta llave.
Los noruegos son, sin duda, el combinado que más ha crecido en estos cuatro años de espera. Desde 2022 a la fecha los vikingos han insertado a muchos de sus exponentes en las principales ligas, casi todos protagonistas en sus equipos.
Por sus individualidades y por sus resultados recientes, tienen legítimas aspiraciones de avanzar y ser la revelación. Erling Haaland (Manchester City), Martin Odegaard (Arsenal) y Alexander Sorloth (Atlético de Madrid) lideran a los nórdicos.
Su director Stale Solbakken es una leyenda. Estuvo como futbolista en el último Mundial que disputó Noruega, en Francia-1998, y ahora como entrenador consiguió hacerla regresar a la gran cita.
En 2001 sufrió un ataque cardíaco que casi le cuesta la vida y tuvo que dejar el deporte. Desde 2020 dirige la selección, tras un paso sólido por el fc Copenhague, de Dinamarca, donde fue elegido mejor entrenador del campeonato local, tras alzar tres títulos en siete años.
Senegal tiene razones de sobra para soñar en grande para este Mundial. Hace un cuatrienio se colaron en octavos de final, y esta vez parecen poder repetir o mejorar. En su aval exhiben el título de África, aunque perdieron ese partido en los escritorios de la FIFA.
Disponen de una materia prima muy interesante, con figuras que ocupan lugares importantes en la Premier, la Bundesliga y la Ligue 1. Tienen jerarquía en todas las líneas, con Moussa Niakhaté como líder de la defensa; Pape Sarr e Idrissa Gueye en el mediocampo; y Sadio Mané, Iliman Ndiaye e Ismaila Sarr en el ataque.
Iraq vuelve a los mundiales tras 40 años de ausencia. Justamente, su única participación fue en México-86. El sorteo no favoreció en absoluto a los asiáticos, quienes rezarán por no ser goleados.
La base de su plantilla está formada por jugadores de su liga, sumados a otros que intervienen en circuitos de ascenso en Europa. Graham Arnold es el responsable del milagro del plantel. El australiano, quien llevó a su país en Catar-2022, por primera vez, a los octavos de final, exhibe ahora otro logro en su nueva aventura.
La llave I, insólita en citas del orbe, queda servida. Como es tradicional en estas líneas, nos aventuramos en el veleidoso arte del pronóstico: pasan Francia y Noruega, y Senegal tiene chances como mejor tercera.






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