
Tensión violenta del esfuerzo / muscular. Lengua de acero, las mandarrias / ensayan en los yunques poemas estridentistas / de literatura de vanguardia.
¿Qué habrá experimentado el habitual lector de poesía al hallar en el Suplemento Literario del Diario de la Marina, en octubre de 1927, estos versos? ¿Cuál habrá sido la reacción ante un poema llamado Salutación fraterna al taller mecánico, que firmaba el poeta Regino Pedroso, con inicial tendencia modernista, y que ahora se convertía, con esta publicación, en el pionero de la poesía social cubana?
¡Oh, taller, férreo ovario de producción! Jadeas / como un gran tórax que se cansa. / Tema de moda del momento / para geométrico cubismo / e impresionismo de metáforas. / Pero tienes un alma colectiva / hecha de luchas societarias; / de inquietudes, de hambre, de lacería, / de pobres carnes destrozadas: / alma forjada al odio de injusticias sociales / y anhelos sordos de venganza… / Te agitas, sufres, eres / Más que un motivo de palabras. (…)
Así sigue la Salutación fraterna… con giros traslaticios en un lenguaje que no solo habla, sino que consigue colocarnos en el taller aludido, y oír los ruidos propios del entorno y las congojas de sus obreros.
Bien conoció Regino –nacido en Matanzas el 5 de abril de 1896, hace ya 130 años– «la ronca trepidación de máquinas» de un taller. Había dejado los estudios siendo adolescente y fue entonces aprendiz de carpintero, obrero en una fábrica de acero y en un taller ferroviario. Supo en ellos del «dolor perenne», de la «ansiedad humana», de «cómo largos siglos de ergástula» les hicieron a esas fábricas «una conciencia acrática».
En una charla que sostuvo con el periodista Ciro Bianchi, el poeta le contó sobre el nacimiento del texto en el propio taller ferroviario en el que trabajaba: «Era un día de actividad febril ya que debíamos dejar terminado un motor de línea antes de que finalizara la jornada». El poema, detalla Bianchi, le venía a la cabeza y a ratos anotaba versos e ideas en algún pedazo de papel. Sus compañeros, que conocían al poeta le dijeron: «ve al sótano y escribe. No te preocupes por el yanqui. Si vemos que se acerca, te avisaremos con tiempo. Y en el sótano escribí el poema. Cuando dos días después reuní a mis compañeros para leérselo, advertí en sus rostros una emoción sincera y hondísima. A algunos se le humedecieron los ojos».
Regino Pedroso vivió 87 años. Aliado de las causas justas que exigió su tiempo, integró el equipo de dirección de la revista Masas, órgano de la Liga Antimperialista de Cuba, y por sus acciones subversivas sufrió prisión.
Trabajó también en otros órganos de prensa y publicó su primer libro (Nosotros) en 1933. Otros poemarios suyos verían la luz después, entre ellos Más allá canta el mar.…, El ciruelo de Yuan Pei Fu, y Poemas chinos. Al triunfar la Revolución, el poeta se desempeñó como consejero cultural de Cuba en la República Popular China y en México.
De fuertes resonancias es la poesía de este hombre, hijo de un chino y de una cubana negra. La Salutación fraterna…, –un poema que nos trae a la memoria el clásico Los tejedores de Silesia, de Heinrich Heine– fue considerado por Lezama entre las mejores poesías cubanas hasta 1960; y en el libro Elogios y preludios a poemas cubanos, Virgilio López Lemus escogió la pieza Yuan Pei Fu despide a su discípulo, del poemario El ciruelo de Yuan Pei Fu, uno de los más significativos libros cubanos del pasado siglo.
La obra de Pedroso no solo ha sido apreciada por sus lectores, y por grandes personalidades de la cultura cubana, sino que, además, ha inspirado la escritura de otros poetas. Tal es el caso de Wichy Nogueras, autor de Salutación fraterna a Regino Pedroso, un hermoso poema que rinde merecido honor a la obra militante y exquisita del autor, y que así concluye:
(…) yo lo saludo, Regino Pedroso, / en nombre de los sueños cumplidos. / Usted también es un artesano del futuro. / Usted también construye la belleza, funde el acero / y siembra en el umbral del porvenir. / Usted también / es una fábrica.











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