ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ortelio González Martínez

Fue con motivo del Piña Colada. Pero no el de la fruta y el ron. Este era otro: más espeso, más necesario, más cantado a coro. El Piña Colada de la resistencia, como lo bautizó sobre el escenario Israel Rojas, líder de Buena Fe. Y con esa buena fe —nunca mejor dicho—, el grupo cubano se presentó en el Teatro Principal que no alcanzó para todos, con un lleno completo que hizo vibrar cada butaca, cada pasillo, cada rincón del coloso cultural.

Más que espectador, el público fue parte del concierto. Tarareó, coreó, vivió cada canción. Las más conocidas y las menos. Porque Buena Fe hizo un recorrido artístico por varios temas emblemáticos de su carrera, y en cada uno la gente respondió como quien recita de memoria. Sonaron Quién olvidó, Rabo de nube, Nacimos ángeles, y aquel Trozo de carne de 2009 — «que era otra época para Cuba», recordó Israel con la nostalgia puesta en el espejo retrovisor. 

Luego llegaron Ser de Sol, Bolero sangriento, El Macho de la Mantis, Catalejo, y Trineo, que será el título del próximo disco. También se escuchó La venganza de los viejos, Miedos, Patakí de Libertad, Pi: 3.14, y La Katrina. Una catarata de canciones que demostró por qué este grupo sigue vigente después de más de dos décadas de creado.

«Gracias a Arnaldo Rodríguez, que persistió y persistió para que el Festival no muriera este año, difícil como pocos», dijo Israel en un momento de la noche, Y el teatro, que ya era una caldera, se incendió. Porque esa persistencia no es otra cosa que la coherencia de un grupo que nunca cambió su brújula.

Hubo un instante, justo cuando el delirio colectivo parecía no tener techo, en que Israel bajó la voz y soltó una declaración que sonó a manifiesto:
«Las canciones están ahí. Seguiremos haciendo canciones. Tienen vida propia. La música está ahí. Si alguna vez esa música te hizo feliz, qué bien. El objetivo fundamental de habernos mantenido unidos por más de 20 años es la música, porque no somos más que un grupo de amigos que disfrutan hacer canciones. Somos unos locos por la música, por poner ideas en circulación y poner a pensar a la gente. Le cantamos al país, a su gente, a la sociedad. Con menos cu… y menos te… —y aquí una pausa cómplice, porque todos sabían a quién y a qué se refería: a las letras del reguetón vulgar que inunda las listas, pero que esta vez no encontró espacio en el Principal—

Y entonces llegó Trineo —título del nuevo disco en preparación—. No una canción más, sino una metáfora en movimiento. Porque la metáfora del trineo permite visualizar de manera clara una de las cuestiones fundamentales de la organización social: la relación entre esfuerzo colectivo y responsabilidad pública. 

Buena Fe vino a recordarle a su gente que el trineo sigue ahí, que empujarlo juntos es la única manera de que avance, y que mientras haya canciones como estas —hechas de ternura, de rabia, de inteligencia y de pueblo— la resistencia siempre vencerá.

Pero esa noche, en el Teatro Principal, el trineo lo empujaron todos juntos. El público y Buena Fe, fundidos en un solo esfuerzo colectivo. Y al salir a la calle, con los oídos llenos de canciones y la cabeza llena de preguntas, quedó claro que aquello no había sido un simple concierto. Había sido, como dijo Israel, el regreso del Piña Colada de la resistencia. Y vaya que hacía falta.

Foto: Ortelio González Martínez
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