No se puede cavilar quién es Raúl Castro Ruz sin su confianza absoluta en lo que puede lograr la Revolución, sin su convicción de la grandeza de la sociedad que su generación comenzó a construir y la irrevocable decisión de hacerla más próspera con el empeño de todos los presentes y sin ese cariño, lealtad y la admiración hacia Fidel.
Decir General de Ejército Raúl Castro es saber que habita en él un hombre sensible y tenaz que convoca, en cada palabra, a reforzar el conocimiento de la historia de Cuba; a renovarnos, a no sentarnos en vanaglorias ficticias, a ser consecuentes con nuestro discurso, «a no mentir jamás, a ser reflexivos y no dejarnos llevar por entusiasmos exagerados que pueden hacernos perder el objetivo».
Y justamente en el libro Revolución, la obra más hermosa, por Ediciones Celia, que alberga discursos, entrevistas y declaraciones del General de Ejército, quien arribará próximamente a su cumpleaños 95, se puede percibir.
Para Belkis Duménigo García, jefa editorial de la Oficina de Asuntos Históricos de Cuba, asistir a esta lectura –dos volúmenes que contienen 138 intervenciones públicas– es repasar momentos mismos de la Revolución en el último decenio, pues el autor recorre los más trascendentales temas en el orden nacional e internacional.
«Topamos con sus esfuerzos por la integración latinoamericana y caribeña; por el respeto a la soberanía, la dignidad y la no injerencia como bases de nuestra política exterior, topamos con su seguimiento a la definición del modelo político y económico que regiría la vida de la nación, con su lucha permanente contra las indisciplinas e ilegalidades y la evaluación autocrítica de nuestra conducta», expresa Belkis.
Asimismo, «aparecen alusiones a la política exterior de Estados Unidos como gendarme del mundo, y sus relaciones con la Isla. Se expresa a favor del restablecimiento de relaciones respetuosas y examina las consecuencias del infame bloqueo en nuestras vidas. Con proverbial criollismo subraya en su intervención del 27 de septiembre de 2006:
“No podemos olvidar ni un momento que lidiamos con un enemigo muy poderoso y capaz de acudir a cualquier vía para alcanzar su propósito de borrar la Revolución de la faz de la tierra (...) han designado hasta al interventor yanqui, un tal McCarry, como si nada hubiera cambiado en este mundo desde que en 1898 frustraron nuestra independencia y nos impusieron varios interventores”».
Quien se acerque al libro podrá redescubrir a Raúl: no al militar, no al Presidente, sino al ser humano que se emociona cuando habla de Fidel, que se detiene en el nombre de un combatiente caído, que llama Mi Hermano a Chávez y se refiere a los jóvenes del Moncada como muchachos de entonces y de siempre.













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