La danza es un arte efímero que se ofrece como un rito, un esfuerzo colectivo de bailarines, maitres, técnicos y músicos, para que la comunicación con el espectador fluya en plenitud. Para los bailarines cubanos, una preparación excelente y una resiliencia a toda prueba son parte esencial de su formación.
Es cierto que su futuro jamás se verá truncado por la escasez, pero el bloqueo de Estados Unidos y las recientes medidas impuestas por su presidente Donald Trump inciden considerablemente en el desarrollo de la danza en la Isla.
Recientemente, Granma visitó la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso, ubicada en la capital, la más grande de su tipo en el país, para constatar las dificultades que atraviesan las generaciones de jóvenes bailarines en formación.
La jornada comienza a las ocho de la mañana, con las materias de enseñanza general y, después, las clases técnicas de ballet. Sin embargo, a muchos de los 195 estudiantes se les dificulta llegar puntualmente. El problema radica en las limitaciones con el combustible, que también afectan la llegada de los suministros alimenticios, vitales para la disciplina, de alta demanda física.
«Es una enseñanza muy sacrificada», apunta María Mercedes García Vega, subdirectora de la institución, la cual también requiere de vestuario y ropa de trabajo especializados.
«El bloqueo –añade– nos obliga a ser creativos y a defender la preparación de nuestros niños y jóvenes. Trabajar en equipo y sumar todas las propuestas son las únicas vías para crecernos ante las dificultades».
En voz de los estudiantes, el mayor obstáculo tangible son las zapatillas de punta, por su alto costo y baja disponibilidad. La alumna Lena Martínez Castillo explica que, aunque la escuela las garantizaba, ahora deben aprovecharlas «hasta que no dan para más».
Por su parte, David Rafael Aguilar comenta que conseguir materiales básicos para varones –mallas, soportes, protectores– es casi un lujo, si bien «los maestros siempre tratan de resolvernos los problemas».
Frente a la escasez, la solidaridad no conoce límites. Padres, familiares y amigos colaboran diariamente en la higienización de las aulas y con donaciones de atuendos. María Josefa Pérez, a cargo del cuarto de vestuario, asegura que, aunque haya que reciclar telas y los vestidos nuevos sean menos frecuentes, «un pequeño bailarín no se quedará jamás sin un traje».
Asimismo, se encarece la importación de materiales para las reparaciones del inmueble, lo que obliga a valorar otras locaciones y métodos posibles para el cierre del actual curso escolar.
«Yo no tengo corazón para decirle a un bailarín de último año –casi un artista en ciernes– que no puede graduarse por la falta de transporte, el petróleo y los efectos del bloqueo», dice a Granma Gina Morales Meireles, secretaria docente de nivel medio.
Ella recuerda la historia de Jason Baró Benavides, un joven de 17 años ganador del Grand Prix en el xii Concurso Internacional de Ballet de Sudáfrica, a quien el gobierno estadounidense le vetó participar en un certamen posterior en ese mismo país.
«Esto significó para los muchachos un desencanto, porque era el merecido estímulo a su esfuerzo. Acciones como esa son inadecuadas, impiden el intercambio cultural y el aprendizaje entre las diferentes escuelas del mundo», añade.
Son tiempos adversos, pero el mensaje de esperanza se mantiene para quienes aspiran a estudiar en esta academia, junto con la convicción de que solo el amor por el arte y la enseñanza permitirá superar las condiciones más difíciles.
El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos afecta severamente al sector cultural cubano. Su entramado de leyes –incluyendo la aplicación extraterritorial de normativas como la Ley Helms-Burton– limita de manera significativa las actividades relacionadas con la cultura.
En el ámbito de la enseñanza artística, además de la cancelación de intercambios académicos, hasta noviembre de 2025 las pérdidas por servicios educativos y culturales ascendieron a 5 454 100 USD, con costos adicionales en transporte y logística de 100 520 USD y un impacto monetario por el uso de pasarelas de pago de 692 235 dólares.










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